Discutiendo sobre Propiedad Intelectual: 2) La asimetría de los acuerdos globales y su manifestación en las leyes

La asimetría tiene que ver con el lugar social que ocupan los países al establecer relaciones entre ellos, vínculos que son principalmente económicos y que postergan o supeditan todas las otras dimensiones globales a los acuerdos comerciales. La definición de un modelo económico, de un modelo de relaciones comerciales entre países y de una determinada forma de conseguir el desarrollo no se basa exclusivamente en principios establecidos objetivamente, sino que también y de forma fundamental en principios ideológicos. Si los países en vías de desarrollo quieren cambiar su posición dentro de la estructura económica mundial deben abrir su economía a su dimensión global, deben adaptarse por tanto a los principios de libre mercado y a las exigencias de una economía basada en el conocimiento como innovación.

Sin embargo lo deben hacer a través de diversos procesos de integración con actores transnacionales que poseen mayores capitales acumulados y que poseen mayor poder para definir las condiciones de esa integración. Y como lo que define esas relaciones es, finalmente, un cúmulo de intereses económicos, el efecto principal de estas relaciones es la dependencia y la dominación comercial y tecnológica, las que terminan limitando y en ocasiones directamente impidiendo las posibilidades de desarrollo.

En este último sentido es que se produce la contradicción. Bajo la promesa de conseguir el anhelado desarrollo los países se esfuerzan por abrir sus fronteras, reducir el estado, invertir en la adaptación a la economía del conocimiento e integrarse a diversos acuerdos globales o regionales; para terminar enfrentando los riesgos de una economía mundial que entra cíclicamente en crisis (Wallerstein, 2007 y 2004; Arrighi, 1999); y a condiciones para conseguir el desarrollo muy diferentes a las que tuvieron que enfrentar los países que hoy ya alcanzaron esa meta.

Según el discurso neoliberal, son los países los culpables de no implementar esas capacidades, son ellos los que no han podido avanzar en el camino del desarrollo. Aunque, en realidad, ese discurso pretende ocultar la desigualdad inherente al proceso de globalización. Como lo expresa la crítica de Wallerstein:

“Puesto que todos los países pueden desarrollarse, ¿cómo pueden hacerlo los subdesarrollados? En cierto modo, imitando a los que ya se han desarrollado, o sea, adoptando la cultura universal del mundo moderno, con la ayuda de los más avanzados (que en la actualidad ostentan una cultura superior…). Si a pesar de esta ayuda, no avanzan o apenas lo hacen, se debe a que están actuando de manera “racista” al rechazar los valores “modernos” universales, lo cual justifica que los estados “avanzados” se muestren desdeñosos o condescendientes con ellos. (…) Se trata de un sistema de justificación hermético, puesto que “culpa a la víctima” y, por ende, niega la realidad.” (Wallerstein, 2007: 246).

Lo que queremos expresar es que estos procesos de integración global (neoliberal) reflejan inevitablemente estas asimetrías y contradicciones. Más allá de las apariencias, el supuesto libre comercio en realidad restringe las posibilidades de los países para conseguir el desarrollo, evitando incluso las posibilidades de imitación, de copiar los mismos patrones que a otros actores les ha permitido transformarse en actores dominantes en el sistema económico global.

Dos espacios fundamentales donde se manifiestan estas asimetrías y contradicciones son la Organización Mundial de Comercio (OMC) y, en un contexto más acotado pero muy relevante para América latina, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Aquí no es posible examinar todo el conjunto de las asimetrías y contradicciones presentes en ambos acuerdos, por lo que se ha optado por definir un espacio que en términos de las transformaciones descritas anteriormente ocupe un lugar central: la propiedad intelectual.

En la economía del conocimiento, lo que posee mayor valor económico no es el producto material, sino la “idea” incorporada en ese producto, una idea que debe ser fruto de la innovación al interior de las empresas y que por lo general se basa en conocimiento científico-técnico. Hay una necesidad de modificar leyes para ampliar las protecciones sobre el conocimiento creado por alguien, y para proteger mediante su apropiación, el valor económico de lo nuevo. Más relevante todavía, al considerar que se promueve un modelo de desarrollo basado precisamente en la producción de innovaciones.

Según diversos estudios sobre propiedad intelectual y acuerdos comerciales (Abarza y Katz,2002; Becerra, 2004; Coriat, 2008; Garza, 2003; Rozanski, 2003; Sercovich, 2008), en las nuevas exigencias de protección de la propiedad intelectual se manifiestan una serie específica de asimetrías y contradicciones.

  • Se supedita lo legal a lo comercial. Acuerdos que deberían discutirse como asuntos meramente legales se han trasladado al ámbito de lo comercial y por tanto, se hacen dependientes de esos acuerdos comerciales. Es lo que ocurre, según Abarza y Katz al trasladar las negociaciones desde la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) a la OMC (2002: 44).
  • Hay actores que obtienen más beneficios económicos. Tanto en la OMC, como en el ALCA hay un actor que posee el mayor mercado para el comercio en el mundo: Estados Unidos, y por tanto, junto con Europa y Japón, es el lugar donde se obtienen más licencias de propiedad intelectual; a su vez, en países latinoamericanos, la mayor parte de las licencias de propiedad intelectual son obtenidas por extranjeros (CEPAL, 2008: 29).
  • Internacionalización de la legislación Estadounidense. Derivado de lo anterior, más que producirse un acuerdo simétrico entre los países participantes de un determinado acuerdo comercial, lo que ha sucedido más bien es que se han internacionalizado las leyes de propiedad intelectual de Estados Unidos (Becerra, 2004; Coriat, 2008), lo que de uno u otro modo es contrario a los supuestos del libre comercio.
  • Se someten a protección nuevos objetos que antes o no existían o eran entendidos como bienes públicos. Lo primero tiene que ver con las investigaciones recientes sobre seres vivos y material genético; y lo segundo con la extensión de la propiedad intelectual a las ciencias básicas. A lo anterior se suma la extensión temporal de la protección, en lo que podríamos denominar “Efecto Ratón Mickey”, que busca evitar que este personaje bajo elcontrol de una empresa pase a dominio público. Todos estos proceso evidentemente benefician a los países que yatienen capacidades de innovación y tecnología instaladas y perjudican a los “recién llegados”.
  • Producción de dominación y dependencia. Finalmente, los estudios anteriores coinciden en que estos acuerdos sobre propiedad intelectual, aun que se presentan como factores claves para conseguir el desarrollo, operan en la práctica en condiciones tan restrictivas que sólo generan dominación y dependencia. Es especialmente relevante al respecto el punto de vista de la CEPAL (a través de los estudios de Abarza y Katz; y Sercovich) que llega a plantear la necesidad de detener las negociaciones o de replantearlas para así conseguir realmente el anhelado desarrollo a través de acuerdos comerciales y legales más justos y simétricos.

Continuará…

Discutiendo sobre Propiedad Intelectual: 1)Transformaciones políticas y legales globales

En las últimas décadas ha cambiado profundamente la orientación de las actividades económicas, pasando de un modelo que protegía los mercados internos a uno que se abre al comercio internacional y que fomenta el libre comercio; se ha pasado de un modelo centrado en la producción material a otro en que el trabajo industrial es desplazado por la producción desmaterializada de innovaciones basadas en avances científicos y tecnológicos, donde lo relevante no es el producto en sí, sino el valor agregado en términos de innovación científico-técnica que incorpore.

Todos estos elementos han producido una reconfiguración del valor económico que poseen las diversas sociedades (y que por tanto afecta sus posibilidades de desarrollo) en la medida en que se adaptan a estas profundas transformaciones. Es por esto que, junto con lo anterior, se producen también cambios en el ámbito político y por tanto también se producen nuevos acuerdos legales que buscan generar nuevos consensos globales sobre políticas económicas.

En primer lugar, se modifica radicalmente la ruta que debe seguir un país para conseguir el desarrollo.Éste se interpreta bajo los filtros del modelo del libre mercado, siguiendo las pautas definidas por el neoliberalismo (Castells, 2005: 42). Ahora, para modernizarse, los estados deben trasladar algunas de sus funciones históricas a manos privadas (nacionales y transnacionales) y tienen como tarea fundamental el equilibrio macroeconómico y la apertura de nuevos mercados para los productos del país. La principal estrategia para esta última tarea es lograr acuerdos comerciales que eliminen barreras arancelarias entre los países y permiten el más fácil acceso de los productos propios a los mercados globales.

En segundo lugar, implica la necesidad de integración a unidades políticas y económicas más amplias, las que aportan diversos beneficios (económicos, políticos e incluso militares) (Castells, Idem: 24-25). Algunas de esas formas de integración son nuevas, otras ya existían y se han ampliado, por ejemplo, la OMC, o la ampliación hacia el este de la Unión Europea y de la OTAN. En América latina, pueden mencionarse algunos organismos de creación relativamente reciente y que todavía no terminan de consolidarse, como el MERCOSUR, el ALBA, o la UNASUR y la integración de algunos países de la región al ALCA. Sin embargo, un efecto de estos procesos de integración es que los estados nacionales pierden soberanía. Muchas de las decisiones de política interna deben supeditarse a acuerdos más amplios a escala regional o mundial. Como expresa Castells:
“…el Estado-nación se dota de instrumentos cooperativos de gestión, navegación y negociación en la globalización. El precio es alto: la pérdida de soberanía y el paso irreversible al poder compartido. O sea, se pierde poder para mantener influencia. Pero la alternativa es la irrelevancia de decisiones que ningún Estado (ninguno, ni siquiera Estados Unidos, a pesar de su intento de unilateralismo militarizado) puede aplicar en solitario…” (Castells, 2005: 26-27).
Así como se ocupa la metáfora de la “navegación” al acto de buscar información en internet. Podemos ver que Castells también lo ocupa para referirse a la necesidad de los estados en el contexto actual de “navegar” la globalización. Así como el exceso de información dificulta la navegación en internet sin una estrategia y sin los instrumentos adecuados; tampoco es posible navegar la globalización sin acuerdos políticos, económicos y militares: el precio que se paga es la desconexión de lo global.

Y en tercer lugar, al considerar las transformaciones productivas de la economía del conocimiento, los estados deben aplicar nuevas políticas económicas para adaptarse a nuevos ciclos productivos orientados ya no más por el industrialismo, sino por el informacionalismo y el nuevo papel de los descubrimientos científicos, de las aplicaciones tecnológicas y del desarrollo comercial de innovaciones, es decir, de la economía del conocimiento.

El Banco Mundial (2007) promueve un modelo que implica un nuevo régimen institucional y económico, una determinada estrategia educativa centrada en el desarrollo de habilidades; una infraestructura de información y comunicación; y un sistema de innovación. Las transformaciones institucionales tienen que ver, entre otras cosas, con la adaptación de los marcos legales nacionales a los contextos globales especialmente en materia comercial (y por tanto de propiedad intelectual). Los cambios en educación se orientan sobretodo a aumentar el número de trabajadores informacionales existentes en un país, lo que se mide principalmente a través de la presencia de doctores en diversas disciplinas científicas y en las publicaciones indexadas que estos consigan. Se requiere también la construcción de infraestructura digital que permita la conexión de los ciudadanos a internet y facilite así la conexión de las sociedades nacionales con el mundo. Finalmente, los estados deben desarrollar capacidades de innovación organizando a los diversos actores involucrados (universidades, centros de investigación, empresas) en sistemas que faciliten la articulación económica del conocimiento producido convirtiéndolo en innovaciones y productos que posean valor de mercado.

Para conseguir el desarrollo siguiendo estos nuevos modelos productivos basados en el conocimiento, los estados nacionales deben modificar leyes y desarrollar políticas que les permitan afrontar estos procesos de cambio. Un factor clave que atraviesa todas las dimensiones anteriores es la propiedad intelectual, y por tanto, se renueva también la necesidad de modificar las legislaciones sobre esta materia. El capital humano avanzado que produce publicaciones debe proteger la propiedad de sus descubrimientos y de sus trabajos científicos; la construcción de infraestructura digital facilita la circulación de información y conocimiento, la mayor parte del cual está también protegido por leyes de propiedad intelectual. El desarrollo de innovaciones, debido al valor económico que poseen, debe también estar protegido por leyes que resguarden los derechos de los innovadores.
Sin embargo, aunque inevitablemente las leyes deban obedecer al principio de territorialidad (Becerra, 2004:19-20), es decir, que las leyes de propiedad intelectual sólo pueden aplicarse en los Estados que las reconocen, estas leyes deben adaptarse también a las exigencias de los acuerdos económicos globales.

(Continuará…)

Una cita sobre monos

“- Es que yo soy un mono que roba nombres -respondió el mono-. Es una enfermedad. A la que veo un nombre, experimento la necesidad de robarlo. Por supuesto, no me vale cualquier nombre. Hay nombres que me atraen. Hay nombres de personas que me atraen. Y, cuando los encuentro, no puedo evitar hacerme con ellos. Entro furtivamente en sus casas y los robo. Soy muy consciente de que está mal, pero no puedo contenerme.

- Eres tú el que quería robar la chapa a Yôko Matsunaka en la residencia, ¿verdad?

- Sí, en efecto.Yo estaba perdidamente enamorado de la señorita Matsunaka. Enamorado como no lo he estado en toda mi vida. Pero ella jamas hubiese podido ser mía. Yo soy un mono, ya lo ve, no tenía esperanza alguna. Por eso deseaba poseer su nombre. Poseer, al menos su nombre. Sólo con eso, mi corazón ya se hubiera sentido satisfecho. ¿Qué más podía pedir un mono?”

El mono de Shinagawa

Haruki Murakami

Una cita sobre navajas

“- Quizá sea una pregunta un tanto extraña, pero ¿entiende usted de cuchillos?- me dijo.

- ¿De cuchillos?

- Sí. De los cuchillos que cortan cosas. De cuchillos de caza.

Le dije que, cuando iba de campamento, había usado cuchillos. Pero que no era un gran entendido en la materia.

El joven pareció un tanto decepcionado ante mi respuesta. Pero enseguida se animó.

- No importa. Es que me gustaría enseñarle una navaja – dijo-. La compré por catálogo hace alrededor de un mes. Pero mis conocimientos sobre el tema son nulos. Ni si quiera sé si es una buena navaja o no. Por eso deseaba enseñársela a alguien y preguntarle su opinión. Si a usted no le molesta, claro está.

Le respondí que no era una molestia.

Él se sacó con cuidado del bolsillo una navaja de unos diez centímetros de largo, bellamente arqueada, y la depositó sobre la mesa. Al caer hizo un ruido seco, pesado y duro. Aquél era su cuchillo de caza.

- No se imagine cosas extrañas. No tengo la menor intención de herir a nadie con esta navaja ni tampoco de hacerme daño a mi mismo. Sólo un día, de repente, no sé por qué razón, me entraron unas ganas irresistibles de tener un cuchillo afilado. Posiblemente algo hizo que me viniera semejante idea a la cabeza. Pero no logro recordar qué fue. Sólo que me moría por poseer un cuchillo. Tanto que no pude resistirme. Eso es todo. Así que busqué en ventas por catálogo y encargué esta navaja. Nadie sabe que la llevo siempre encima, en el bolsillo. No siquiera mi madre. Es mi secreto. Ahora usted es la única persona que lo sabe.”

(…)

“- ¿Puedo pedirle un favor?- dijo-. ¿Podría usted cortar algo con ella?

- ¿Cortar? ¿Por ejemplo, qué?

- Cualquier cosa. Algo que haya por aquí. Corte cualquier cosa por favor. Yo vivo sentado en esta silla de ruedas y sólo puede alcanzar muy pocas cosas. Así que me gustaría que usted cortara algo por mí con la navaja.

No tenía ninguna razón para negarme, así que cogí la navaja y la clavé en el tronco de una palmera que había allí cerca. Entonces corté en diagonal un trozo de corteza. Luego me hice con una plancha de estireno que había cerca de la piscina y la rajé de arriba abajo. El filo cortaba mucho más de lo que había creido.

- Es una navaja fantástica – le dije.

- Es una pieza artesanal -dijo el joven-. La verdad es que me resultó bastante cara.

Expuse la hoja  de la navaja a la luz de la luna, tal como había hecho él y me la quedé mirando. Parecía una hoja fresca de una planta feroz que acabara de surgir de una grieta abierta en la faz de la tierra aquella noche de luna llena. Probablemente algo que ligara el exceso y la nada.

- Corte más cosas, por favor dijo él.

Corte todo cuando encontré. Corté cocos que habían caído al suelo, trinché grandes y gruesas hojas de plantas tropicales, corté la carta que había pegada a la entrada, reduje a astillas un montón de maderos que habían flotado hasta la playa. Cuando ya no supe qué cortar, arqueando el cuerpo lentamente como si hiciera taichi, rasgué sin un sonido  el aire de la noche. Nada podía detener mis movimientos. La noche era profunda, y el tiempo, flexible y lleno a rebosar de savia. La luz de la luna llena acrecentaba sigilosamente esa hondura, esa flexibilidad.”

(…)

“-A veces tengo un sueño – dijo el joven de la silla de ruedas. El extraño eco de su voz hacía pensar que esta procedía del fondo de un profundo agujero-. Dentro de mi cabeza hay un cuchillo clavado en diagonal en la mórbida carne de mis recuerdos. Está clavado muy hondo. Pero no me duele. Tampoco noto su peso. Sólo está ahí clavado. Yo lo contemplo desde otro lugar, como si fuera algo ajeno. Y deseo que alguien extraiga el cuchillo. Pero nadie sabe que está ahí clavado. Pienso en sacármelo yo mismo, pero no alcanzo con las manos. Es muy extraño. He podido clavármelo, sin embargo, ahora, no puedo extraerlo. Mientras tanto, las cosas empiezan a borrarse paulatinamente. Yo mismo voy palideciendo, poco a poco, y desaparezco. Al final sólo queda el cuchillo. El cuchillo siempre permanece hasta el final. Como el blanco fósil de un animal prehistórico que ha quedado en la orilla del mar… Éste es mi sueño.”

Haruki Murakami

El cuchillo de caza

¿Se puede ser de izquierda y neoliberal al mismo tiempo? Segunda Parte: La nueva izquierda: ¿sólo retórica populista? De lo nacional a lo mundial.

Hay dos descalificaciones que desarrollan los críticos sobre la nueva izquierda. Castañeda sostiene que para ellos: “…rhetoric is more important than substance, and the fact of power is more important than its responsible exercise.”(2006, 7). Se entiende con esto que no hay un proyecto social o político en los nuevos gobiernos de izquierda, sólo el desarrollo de un discurso sin contenido y el ejercicio del poder por el poder. Contra ese argumento, lo que queremos plantear es que, más allá de la retórica y del liderazgo carismático, hay un proyecto que tiene una doble dimensión: la renovación de la democracia al interior de las sociedades nacionales por medio de la superación de los límites del liberalismo; y la renovación de la democracia y de las relaciones económicas en el ámbito internacional, más allá de los límites de las actuales asimetrías del mercado global y de la hegemonía política de Estados Unidos.

a) Pensar la democracia más allá del liberalismo: recuperando la dimensión utópica. Tres son los principales componentes de una ciudadanía democrática bajo los supuestos del liberalismo (Arditi, 17). En primer lugar, la igualdad entre ciudadanos y su reconocimiento público (que debe ser contrastado con la profunda desigualdad económica que ha producido ese mismo liberalismo). En segundo lugar, la participación política voluntaria (que debe ser contrastada con la profunda desafección política que en la práctica fomenta el individualismo liberal); y en tercer lugar, el poder de elegir representantes políticos (que debe contrastarse con los límites de la representación, con la reducción de las opciones, y con actores que no pueden disputar el juego político por la falta de requisitos y recursos para ser aceptados como competidores legítimos). Estas condiciones políticas, junto con las condiciones económicas del liberalismo, es lo que pretenden superar los nuevos gobiernos de izquierda en Latinoamérica. Dice Arditi:

“…en el dispositivo llamado “giro a la izquierda” el liberalismo es lo que somos pero también lo que gradualmente estamos dejando de ser mientras que el post-liberalismo es un síntoma de lo que estamos en proceso de convertirnos, un indicador de nuestro devenir-otro.” (17).

El post-liberalismo de la nueva izquierda se orienta tanto por la recuperación de la dimensión utópica, que tiene su expresión más conocida en la frase de Ignacio Ramonet: “Otro Mundo es Posible”; como en una crítica radical del presente (de todo aquello que la “izquierda correcta” acepta como las reglas naturales e inmodificables del juego).

Una buena síntesis de esa nueva utopía es la desarrollada por Dussel (2006). Hay una situación actual de “corrupción de la política” que se manifiesta en la relegación política de la lucha por la igualdad, en la construcción de mecanismos de alienación que generan apatía política y en que amplios sectores sociales son excluidos de representación (así como descalificados en sus ideas o más significativamente de su ser: mujer, intergénero, negro, indígena, etcétera). Frente a eso, propone la recuperación de la dimensión ética de la política, para contrarrestar la fetichización del poder y construir una política de la obediencia al pueblo y no de su subyugación.

Siguiendo a Arditi, esto se consigue por medio de la construcción de una ciudadanía social (18), es decir, un empoderamiento no sólo en la elección de representantes sino también en la toma de decisiones sobre diversos asuntos públicos, lo que implica, entre otras cosas, romper con el esquema tradicional de la representación de partidos políticos, y construir nuevas formas de organización social que realcen la solidaridad de lo colectivo y combatan la desafección individualista.

Esta búsqueda (siempre incompleta) de construir una nueva sociedad ha sido descalificada como retórica y populista. Tanto Dussel como Laclau (2006, b) destacan que los críticos de los nuevos gobiernos de izquierda utilizan la palabra “populista” como un insulto. Más específicamente esta descalificación destaca la supuesta vaguedad, pobreza intelectual, transitoriedad, manipulación y simplificación de la realidad que efectúa el populismo (Laclau: 2006, b,31-35); la que a su vez debe ser puesta en contraste con las complejas decisiones técnicas (incomprensibles para la ciudadanía) en las que ha derivado la política liberal, manejada por una tecnocracia cada vez más distante de su fundamento en el pueblo.

Sin embargo, y siguiendo a Laclau, si hay, al menos la posibilidad de una racionalidad tras el populismo. No es sólo un discurso retórico vacío de contenido, sino que se ha empezado a configurar un nuevo papel del Estado que recupera el poder para orientar el desarrollo económico y social (no eliminado el mercado, pero si afectándolo profundamente). Expresa Ramírez:

“…a través del relanzamiento de la inversión pública en sectores estratégicos de la economía y en infraestructura, el restablecimiento de su capacidad redistributiva y la voluntad de recuperar la propiedad -o la gestión- de los activos públicos privatizados.” (2006, 43).

Hay también una innovación en las prácticas democráticas. Frente a los prejuicios de los críticos como Castañeda y Tovar, los plebiscitos y los mecanismos de democracia directa como la participación popular en la gestión de presupuestos y políticas implican un proyecto que es profundamente democrático: actuar de acuerdo a las necesidades de las mayorías populares y no de las minorías económicas.

Pero, el populismo y sus formas de liderazgo carismático pueden llegar a ser peligrosas en la medida en que no se establezcan resguardos para que sea siempre el pueblo o la ciudadanía social quien constituya el fundamento último (y con esto queremos decir que el pueblo cambia significativamente su composición con el tiempo, la desigualdad adquiere nuevas formas y afecta a distintos sectores de la sociedad, lo mismo que varía la pobreza). El populismo es una estrategia política útil para cambiar un orden político hegemónico por otro, pero no hay que olvidar que también ha construido nuevos órdenes injustos. Tampoco hay que olvidar que los líderes van perdiendo su carisma y pueden derivar con facilidad hacia el autoritarismo, y por tanto, al olvido de la democracia directa con fundamento en el pueblo.

¿Cuál es el principal síntoma de que estos errores están ocurriendo? Los mismos errores que se perciben en el modelo democrático liberal: la desconexión de las instituciones de sus fundamentos populares: la autoreferencia del poder, su fetichización. Es decir, en la medida en que un proyecto de izquierda consiga mantener activa la idea de movilización social, en la medida en que la opinión popular es tomada significativamente en cuenta, en que es politizada mediante diversos mecanismos de participación directa, el populismo sigue siendo democrático. La pérdida de la participación es entonces el síntoma antidemocrático que hay que estar atentos a criticar en la nueva izquierda latinoamericana.

Aquí es donde se perciben diferencias significativas entre Brasil y Venezuela como dos representantes de la izquierda. Por una parte, Brasil (algo que discutiremos a continuación) a optado por una renovación política y económica principalmente en referencia al ámbito internacional; pero ha postergado las transformaciones internas, lo que ha producido en la actual coyuntura de cambio de gobierno, una confrontación con un amplio sector de la sociedad que originalmente lo respaldaba, siendo especialmente relevante el enfrentamiento con el Movimiento de los Sin Tierra. Como se ha dicho, la construcción de esta nueva izquierda no está exenta de contradicciones, y esta separación entre las demandas democráticas internas y la búsqueda de una integración mundial en condiciones de mayor igualdad es una de sus manifestaciones. Por otro lado, en Venezuela, a pesar de todas las críticas realizadas al liderazgo carismático de Chávez, el poder político no se ha vuelto autorreferente, la constante referencia a la movilización social y las prácticas plebiscitarias muestran una voluntad de considerar las demandas populares. Esta por verse, sin embargo, qué sucederá cuando las demandas populares no coincidan con los intereses del gobierno.

Como expresa Laclau (2006, 58), la persecución de un nuevo orden social es siempre una cuestión de grado. Hay un momento en que la búsqueda se transforma en el mantenimiento del statu quo conseguido: “Nunca habrá una lógica popular dicotómica que disuelva cien por ciento el aparato institucional de la sociedad.” (Idem, 58).

b) Recuperar las relaciones entre países latinoamericanos: nueva integración y nuevo rol en ámbito mundial. Nos hemos ido acostumbrando a que las relaciones entre países en el contexto de la globalización sean principalmente comerciales, al hecho de que la única vía posible de integración entre países sean acuerdos comerciales, eliminación de barreras arancelarias y más específicamente tratados de libre comercio; aunque en realidad las relaciones internacionales siempre tienen un componente político.

Este ha permanecido oculto o al menos subyugado a los intereses políticos y económicos del principal actor hegemónico, Estados Unidos. Castañeda y Tovar critican el antiamericanismo (en el sentido en que los estadounidenses entienden “americano”) de la “izquierda equivocada”, como si no existiesen fundamentos políticos e históricos que avalen esta actitud. Así como en las relaciones nacionales se construye una democracia orientada a cambiar el orden social interno; el proyecto en el ámbito mundial es, al menos, poner en cuestión el orden económico y político global.

Estados Unidos y los demás países desarrollados imponen a sus “socios” comerciales en latinoamericana condiciones asimétricas que impiden conseguir actividades productivas innovadoras, y desarrollar servicios e industrias que permitan conseguir un mayor desarrollo para la región. Como expresa Ramírez, el proyecto internacional de la nueva izquierda implica pasar de una situación de libertad absoluta para el mercado a otra de negociación con los actores transnacionales:

“La inserción soberana en el escenario internacional por vía del incremento de la capacidad de negociación con los actores económicos transnacionales; el impulso de una política exterior dinámica y multilateral que replantea los nexos con Estados Unidos; el énfasis inédito puesto en los procesos de integración regional con una agenda geopolítica que busca superar el carácter estrictamente comercial de los acuerdos previos, y la apuesta por proyectos de inversión conjunta en sectores económicos de alto impacto regional y nacional…” (43-44).

En la medida en que las relaciones internacionales se vuelven más políticas se pueden tomar decisiones que no están basadas en la maximización de ganancias. Las relaciones entre actores internacionales no tienen porque ser asimétricas y eso es precisamente lo que intenta hacer la nueva izquierda latinoamericana desarrollando acuerdos comerciales y políticos donde también está presente la solidaridad.

El ejemplo más significativo de este nuevo rol político y solidario en la región es el desarrollado por Brasil. Se ha posicionado como un actor significativo que debe ser escuchado debido a su rol como un miembro del BRIC (grupo compuesto además por Rusia, India y China) apelando por una nueva estructura de poder en organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario. Según Celso Amorim, canciller de Brasil, sin existir una confrontación entre Brasil y Estados Unidos, sí existen desacuerdos entre ambos países en temas como la conferencia del clima en Copenhague, las negociaciones comerciales de Doha, y la percepción de conflictos políticos en Irán, Honduras y Medio Oriente, además de las tareas solidarias a realizar en Haití (La Jornada, 27/11/2009, 21)

Aunque, no se trata sólo de confrontarse con actores dominantes, sino también de reconstruir lazos solidarios entre los países de la región. Se construyen nuevas formas de colaboración política y económica entre los países de la región. Puede verse como ejemplo de este proceso la creación del ALBA, o los acuerdos entre Venezuela, Bolivia y Cuba para generar intercambios, que en términos de valor económico son asimétricos, pero que en términos de aportes solidarios pueden considerarse equivalentes. Otro ejemplo de este nuevo tipo de relaciones solidarias es la creación del Banco del Sur, que pretende reducir la dependencia de las estructuras de financiamiento que continúan la promoción de políticas neoliberales.

Más allá de la dicotomía sobre una izquierda correcta y otra equivocada, he argumentado que hay que resignificar lo que implica ser de izquierda en la actualidad, fundamentalmente, a través de la aplicación de los valores históricos que la han caracterizado (libertad en vinculación inseparable con igualdad y solidaridad social) al contexto social, político y económico de las últimas décadas. No se puede ser de izquierda si no se confronta abiertamente el proyecto neoliberal, y en ese sentido, la denominada “izquierda correcta”, lo sería únicamente como recuerdo de su pasado, y como estrategia electoral como se aprecia en el resultado electoral chileno en la primera vuelta presidencial.

También hemos querido mostrar que más allá de la forma política populista que han asumido los gobiernos de izquierda, puede empezar a percibirse la construcción de un nuevo proyecto social y político coherente tanto con las demandas populares como con las necesidades de desarrollo económicos de los países. Por esto puede decirse que se está constituyendo un proyecto democrático nacional fundamentado en estructuras políticas post-liberales, con nuevas relaciones entre líderes políticos y ciudadanía, con la recuperación de la dimensión política colectiva a través de diversos mecanismos de movilización social. Este espacio permanente de movilización social, y la referencia y obediencia de los gobiernos a las decisiones populares es lo que puede garantizar la continuidad democrática en la izquierda, y es , a su vez, una de las diferencias más significativa con la forma en que se manifestó la izquierda en las décadas anteriores, definidas por la naturalización del neoliberalismo.

Por otra parte, este proyecto en definición, también implica la recuperación de la dimensión política de las relaciones internacionales, y por la construcción de relaciones económicas orientadas no sólo por el lucro, sino también por la solidaridad social. En definitiva, se rompe con el statu quo liberal y se apuesta por nuevas relaciones entre estado, mercado y sociedad.