Archivos para noviembre, 2006

noviembre 30, 2006

Nuestra Relación con lo Institucional

A partir de algunas conversaciones que han estado dando vuelta en estos días a raíz de algunas elecciones y de algunos proyectos, los quisiera invitar a reflexionar en torno a nuestra relación con las instituciones. No quisiera que esto fuera una propuesta cerrada, sino algo abierto al diálogo y la discusión, por eso simplemente, será un punteo (y algunas preguntas)que podremos ir enriqueciendo en el camino.

Acción de Base, desintitucionalizada
  • Vivimos en una sociedad diversa y compleja, donde complejo quiere decir, que tenemos proyectos e intenciones distintas para nuestra vida y para la vida de los demás, lo que no hace fácil la convivencia.
  • Eso implica que la mejor forma de actuar es aquella auténtica, es decir, aquella que nace de una reflexión profunda de lo que nosotros queremos hacer con nuestras propias vidas, y la peor forma de actuar es aquella sentida como impuesta desde fuera o desde arriba. Evidentemente estoy vinculando la autenticidad con la legitimidad.
  • Lo anterior significa que la mejor forma de acción es la que nace de las bases y no impuesta desde lo institucional.
  • Sin embargo, vivimos en una sociedad de relaciones, donde el relacionarnos con otros es lo esencial que hacemos, y por lo tanto ya sea por iniciativa de las bases o de la institución, se tendrá que producir algún tipo de encuentro (o desencuentro) con lo institucional.
  • ¿Cómo actuamos cuando tengamos que relacionarnos con lo institucional o cuando lo institucional se quiera relacionar con nosotros?
Crítica a lo institucional
  • Existe una cierta historia, difícil de abordar, de relaciones entre las bases y las instituciones. La misma expresión base da cuenta de esa relación.
  • Generalmente cuando pensamos en instituciones no pensamos en personas, aunque inevitablemente las hay. Ese es uno de los principales problemas, la absorción de las personas por la institución, que quedan ocultas en un objeto.
  • Al final como nos relacionamos con instituciones y no con personas, es difícil saber quién se hace cargo de los compromisos asumidos por las instituciones. Debido a eso pasa lo que pasa con Chiledeportes o antes cuando Lagos decía que “las instituciones funcionan en Chile”. ¿Cómo funcionan, quién las hace funcionar?
  • Por otra parte, esta imagen proyectada por lo institucional, donde no vemos a la persona, o vemos a la persona convertida en institución, hace que se perciba como acción oculta, secreta, con intensiones poco claras. Se genera desconfianza, y además, ¿quién nos pregunta nuestro parecer?
  • Da la impresión de que la institución se aleja de las bases, y al final se empieza a desarrollar en un espacio social completamente distinto al de éstas. Viven en mundos separados con necesidades distintas y sin muchas posibilidades de escucharse. Sin embargo, también es posible ver que existe relación entre instituciones, es decir, las instituciones se escuchan yrefuerzan entre ellas.
  • Finalmente, está la crítica a la estabilidad institucional, ya que finalmente ésta termina siendo la principal preocupación de la acción institucional, mantenerse en el poder. La relación con lo institucional puede terminarse viviendo como ceguera (completamente convertido y cooptado por los valores de la institución), o cómo rebeldía (como completo rechazo a los valores y propuestas de las instituciones).
  • ¿Es posible generalizar estas críticas a toda relación posible con las instituciones?

Es Posible la Relación y la Confianza en lo Institucional
  • Insisto con la misma pregunta con que terminaba en la sección anterior: ¿Es posible generalizar estas críticas a toda relación posible con las instituciones?
  • No se trata de hacer una defensa de lo institucional, si no mostrar que incluso dentro de lo institucional a veces se generan espacios para llevar lo marginal al centro.
  • En distintos planos y con distintos éxitos algunos ejemplo: el movimiento de los Pingüinos el primer semestre; las críticas de Fernando Flores a la corrupción dentro del PPD; el movimiento indígena y popular que ha llegado al poder en Bolivia y que en estos momentos desarrolla una crítica dentro de los márgenes institucionales ( a todo esto, que está pasando por un momento crítico en relación con los sectores enriquecidos del país).
  • Un asunto fundamental en la relación con lo institucional es apelar a las personas, hacer que actuen como personas y no como objetos, como engranajes de una maquinaria. Es decir, hacer que actuen auténticamente.
  • El segundo elemento es la conexión de la base con lo institucional. De la forma que operan las instituciones que criticamos, generan apoliticismo y apatía. Al contrario, las bases deben ser políticas y comprometidas.
  • Ahora, ¿cuál es la acción política y comprometida más relevante que pueden realizar las bases hoy en día?
  • No creo que sea la rebeldía y el rechazo a veces violento de lo institucional. Al contrario, eso genera, 1) la criminalización de las bases, y 2) una justificación para que lo institucional siga haciendo lo que quiere y le quite cada vez más espacio a lo popular.
  • Lo popular debe ser público (y publicitado), y debe ser evidente una acción en que se promueven valores distintos (como se ha dicho antes, auténticos y legítimos).
  • Lo popular debe procurar generar mecanismos de fiscalización de lo institucional.
  • Finalmente, es necesario también un espacio de autocrítica, ¿cómo ocupan las bases su propio poder? ¿Qué ha pasado históricamente cuando las instituciones cambian?
  • Simplemente es el mismo poder que cambia a unos privilegiados por otros.
  • Para construir una sociedad distinta a la actual, hay que actuar de forma distinta a la actual (ya que porque actuamoscomo actuamos,estamoscomo estamos): esto significa una defensa de la desobediencia. Las bases en vez de preocuparse de criticar a lo institucional, deben procurar vivir como desean sabiendo que son auténticos y que cuentan con la legitimidad de lo popular, y que su acción traerá consecuencias.
  • Según como entiendo la desobediencia, no consiste fundamentalmente en actuar con violencia, sino que aceptar las consecuencias (la violencia sobre sí mismos) de actuar coherentemente.
  • Eso hace que quienes actuen en las instituciones no puedan actuar única y exclusivamente desde lo institucional, hay que sacar a la gente de su puesto en la máquina e invitarla a reflexionar sobre sus propios valores.
  • Creo que bajo ciertas condiciones, con una sociedad más abierta y participativa, es posible hacer actuar de forma distinta a lo institucional.

noviembre 23, 2006

Estabilidad, conflicto y democracia

Hace unos días vino a la UCT, Ignacio Walker a dar una conferencia sobre democracia en América latina. Como es obvio a estas alturas, sabrán que no estuve de acuerdo con la definición de democracia que dejó entrever en su discurso.
Su versión de la democracia tiene que ver con lo siguiente: una democracia es estable y una democracia no es populista.
La misma realidad de estos días en Chile y las acusaciones en torno a la corrupción (que deberían ser mucho más amplias, como nos indica Patricia Verdugo en el posteo anterior), han mostrado que la política no es tan estable como para hacer pensar en una eterna gobernabilidad democrática. Al contrario, una pelea chica entre partidos de la Concertación ha mostrado que el conflicto es necesario y le da sentido a la democracia. Al contrario, la estabilidad a veces se transforma en inmovilismo, en la imposibilidad si quiere, de pensar que es posible una sociedad distinta que la actual.

Lo que sí necesita estabilidad y que nada cambie es el mercado y sus actores que se benefician de que las condiciones para actuar sigan como están. Ahora eso no se da, quizá algunos capitales empiecen a escapar del país debido a los políticos corruptos que tienden sus trapos sucios al sol.
En realidad, esta es la única forma en que de verdad se pueden producir cambios en este espacio político chileno. Enfrentando, generando conflicto en el mundo político para transformarlo, si no tendremos que esperar hasta el siguiente gobierno con su MOP y sus Chiledeportes o aquello de lo que nos entremos en su momento.

noviembre 23, 2006

Sobre la corrupción y su origen

Me encontré este interesante artículo de Patricia Verdugo (publicado en el Mostrador) que comparto con ustedes:

Corrupción: El origen del que nadie habla

por Patricia Verdugo

Hubo un tiempo, en Chile, en que estuvimos a tiempo. Suena a redundancia, pero así fue. Ocurrió a partir del 11 de marzo de 1990, después que el general Pinochet se desprendió de la banda presidencial en solemne ceremonia y –de manos del presidente del nuevo Senado- se la ciñó el ciudadano Patricio Aylwin.

¿Qué tiene que ver eso con el escándalo de corrupción de Chiledeportes o con las facturas falsas en la rendición de cuentas electorales del senador Girardi? Han pasado casi diecisiete años y cualquiera puede responder “nada que ver”.

Yo quiero demostrarle que sí tiene que ver, que están estrechamente relacionados ambos escándalos. ¿Qué estoy calificando de “escándalo” ese primer cambio de mando de la transición? Sí, lo estoy haciendo.

Me explico. De todo hay en la viña del Señor y tuvimos antes prueba de ello. Durante la lucha contra la dictadura, muy de vez en cuando sabíamos de algún dirigente sindical que –de modo preciso- fue “asaltado” tras recibir dinero de la solidaridad internacional. Eso ocurría en una plaza de Estocolmo o en una esquina de Santiago de Chile. O sabíamos de algún encargado internacional de partido que salía por el mundo pasando el platillo para un determinado proyecto y, de regreso, entregaba una parte y se guardaba el resto para sus “gastos” personales. Ni siquiera podíamos escribir sobre estos temas –autocensura total- porque armar un escándalo era “entregarle balas al enemigo”. Y el enemigo era fiero, practicaba el degüello de disidentes hasta en 1985 y la desaparición de prisioneros hasta en 1987.

Por entonces ocurrió. Me refiero al origen. Comenzó la negociación entre los representantes de la disidencia y los de la dictadura. Como avales: el Vaticano y la Casa Blanca. Había que impedir que Chile se transformara en una segunda Nicaragua, con guerrilleros del FPMR tomándose el palacio presidencial. Se unieron los partidos –dejándose al margen al PC, padre de los guerrilleros- y llegamos finalmente, dos plebiscitos y elección mediante, a la inolvidable escena del 11 de marzo de 1990.

La clave estuvo en el segundo plebiscito, a mediados de 1989. Casi nadie lo recuerda. Nos convocaron para modificar la espuria Constitución del ’80. Las modificaciones habían sido pactadas entre la Concertación y la derecha pinochetista. Y se pactó que el general Pinochet continuaría al mando del Ejército por ocho años y que no fiscalizaríamos ninguno de sus actos administrativos. Es decir, aceptamos que el criminal y corrupto dictador siguiera a cargo de los arsenales de guerra, así como dimos la bendición a todo lo obrado durante su dictadura.

Ese fue el origen. En las bóvedas de Corfo, se guardaron decenas de miles de documentos que comprobaban cómo la derecha pinochetista había saqueado las empresas del Estado al momento de privatizarlas, amén de muchos ilícitos durante su militar administración. Yo misma vi, sólo por dar un ejemplo, una mesa de directorio cubierta por papeles –de casi medio metro de espesor- que probaban la corrupción en Televisión Nacional. Y así suma y sigue.

Sobre nada de eso podía escribirse. Autocensura total. Podíamos poner en riesgo la frágil y renaciente democracia. Y cuando fue inevitable el escándalo sobre los “pinocheques”, donde el ex dictador tenía estampada su firma en los cheques a favor de su hijo por casi tres millones de dólares, el presidente Frei intervino y dio “razones de Estado” para que el CDE retirara la querella.

Cuando la Concertación aceptó la impunidad de Pinochet, respecto de las violaciones de derechos humanos y su corrupción administrativa, así como la de su familia, abrimos la puerta para que cualquiera se sintiera con derecho a meter las manos en la caja estatal. Cuando se aceptó compartir salones y cócteles con los nuevos ricos de la dictadura, posando todos juntos para las páginas de “vida social”, se abrió la puerta hacia el infierno.

Como canta el tango Cambalache, ya dio lo mismo ser asesino que ladrón. Si tenías poder para asegurarte la impunidad, adelante…

¿Tenemos posibilidades de construir un país ético y estético a la vez? Sí, tenemos. Para eso hemos recibido clave ayuda internacional, porque si de nosotros dependiera “no se movería una hoja”. Primero tuvimos la ayuda de España para arrestar en Londres al ex dictador, aguando la fiesta de Pinochet como flamante senador vitalicio. Eso fue en 1998. Luego tuvimos la ayuda del Senado de Estados Unidos, con la completa investigación sobre las cuentas secretas de Pinochet. Eso fue en 2004. Y ahora recibimos el auxilio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos recordándonos que el decreto de auto-amnistía debe ser anulado o derogado.

¿Qué tiene que hacer la alianza gobernante? Dar luz verde para que los tribunales condenen a Pinochet de una vez por todas. Por sus crímenes de lesa humanidad y por el saqueo de la caja estatal. No irá a la cárcel –la ley protege su ancianidad- pero se hará lo que es debido. Eso para empezar a hablar. Y luego seguimos con la Modernización del Estado y con las reformas al interior de los partidos para que no sean copados por “picantes” –como calificó un dirigente político- que sólo buscan lucimiento y coimas. Suma y sigue…

Patricia Verdugo. Escritora y periodista.

noviembre 20, 2006

Comentarios a "El futuro de la democracia", de Norberto bobbio.

Hace algunos años escribí este comentario y pensando en las discusiones que hemos tenido sobre democracia y corrupción en estas semanas, me parece relevante ponerlo aquí… con algunos cambios, esimpresionante como uno puede estar en desacuerdo consigo mismo simplemente con el paso de unos pocos años:

Como el mismo Bobbio señala, las definiciones sobre la democracia y sus diversos apellidos ocupa una extensa bibliografía a lo largo de la historia y lo seguirá haciendo. Una de estas definiciones es la que él mismo plantea: “ …se entiende por régimen democrático un conjunto de reglas procesales para la toma de decisiones colectivas en el que esta prevista y propiciada la más amplia participación posible de los interesados”.(p. 18); más adelante agrega: “…un conjunto de reglas (…) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”.(p.24). Algunos criterios que son importantes de considerar, se enumeran a continuación: las decisiones son tomadas por individuos en representación de grupos; mientras más gente vote, más democrático es considerado un régimen (proporcionalmente a la cantidad de habitantes); se debe respetar la regla de la mayoría; y finalmente deben existir alternativas reales para tomar decisiones.

De la definición de democracia, sea cual sea, podemos inmediatamente establecer las diferencias entre lo ideal de la definición y la realidad de la práctica democrática y sus limitaciones: El nacimiento de una sociedad pluralista, la representación efectiva de la ciudadanía en el ámbito político, la eliminación de elites y oligarquías dominantes, la ampliación de los espacios donde la ciudadanía puede manifestar sus derechos, la eliminación del poder invisible o la ampliación de capacidad de los gobiernos de tomar la mayor cantidad de decisiones en forma pública, y finalmente, la educación de la ciudadanía, entendida como la promoción pública de los valores democráticos y de participación en las decisiones que influyan en el destino de la sociedad.

Es fácil estar de acuerdo con el análisis que hace Bobbio de las causas del no cumplimiento de las promesas anteriores. Las sociedades se han hecho mucho más complejas de lo que las personas pensaron cuando pensaron la democracia, se hicieron necesarias estructuras más complejas y diversas para satisfacer demandas cada vez mayores, con el consiguiente resultado de constante insatisfacción ciudadana.

Donde ya es más complicado estar de acuerdo es con la aceptación de esta realidad, por ejemplo, cuando señala que es mejor la confrontación de muchas elites que la existencia de una sola dominante (evidentemente lo único aceptable es la no existencia de estas elites). Según entiendo, este tipo de democracia es aceptada como una alternativa, o dicho de otro modo, se acepta la forma en que la realidad a ido adaptando la democracia a la estructura de la sociedad para que en muchos sentidos, la democracia solo sea una apariencia, y la imposición de las elites el criterio central de los gobiernos. En este sentido, la capacidad de representación que los partidos tienen de los ciudadanos, aunque sea la mejor posibilidad que los ciudadanos tengan, no es la más efectiva.

Es notorio cómo los partidos ya no tienen su legitimación en sus bases, sino en el apoyo económico a los proyectos políticos generado de un creciente nexo entre empresa y dirigentes de partidos (por lo menos en Chile esto es evidente). Es más fácil preocuparse de representar a quien tenga poder que a quien, a pesar de tenerlo, no encuentra las vías adecuadas en el sistema “democrático” para expresarse.

¿ Se puede, según los parámetros de Bobbio, decir que Chile es un régimen democrático? Más allá de los límites que el neoliberalismo ha generado, en Chile existe la necesidad de establecer la legitimidad y el origen del poder democrático. Primero, una dictadura, y segundo, una sería de acuerdos políticos entre los militares, la derecha y la Concertación para mantener nuestra frágil estabilidad.Al parecer en ese proceso, a parte de un escaso plebiscito, el único papel que puede jugar el ciudadano corriente es “ser representado”.

Finalmente, una defensa de la democracia no liberal. Bobbio establece fuertes nexos entre democracia y liberalismo, hasta llega a señalar que no pueden vivir separados, dando una serie de argumentos, como la no existencia de guerras entre democracias liberales (por supuesto, no se refiere a guerras económicas) como una forma de demostrar su éxito y efectividad, para mantener el apaciguamiento más que la paz, el evitar los conflictos más que enfrentarlos.

Las ideologías de izquierda, equivocaron el camino a través de las vías revolucionarias, pero los ideales de igualdad no lo están, que choquen con intereses de grupos de poder que no quieren una justa distribución de la riqueza y de la misma justicia es otra cosa. A través de la vía democrática la izquierda, debería buscar nuevas opciones para superar la realidad existente. La lucha de la democracia ha sido siempre la misma, poder establecer criterios racionales para el gobierno a través de la ley, y siempre se ha visto superada por una realidad que busca intereses que resultan únicamente racionales para grupos reducidos, pero no para la totalidad.

Según mi criterio, dentro de los patrones democráticos se debe despertar el conflicto y mostrar como los grupos de poder pueden pelear por sus derechos infligiendo muchas veces los principios democráticos, y como la mayoría es excluida de defender los suyos… y más aun criminalizada por ser solidaria y por defender sus derechos.

noviembre 10, 2006

Racionalidad e Institucionalidad

Debido a los problemas políticos recientes vinculados con la corrupción (me parece exagerado calificarlo de “escándalo”,eso puede estar bien para un político que busque atención), se hace muy relevante examinar lo que hay detrás de estos procesos.
No me refiero a todo lo que pueda existir de oculto , de secreto en la política, aunque también debería hablar de eso, pero me parece que lo primero, lo básico es referirse a la lógica racional que hay detrás y los efectos que esto trae sobre nuestra relación con lo institucional.
La reflexión que comparto con ustedes en el Wiki, sobre la filosofía de Charles Taylor, puede ser de ayuda para esto.
De la forma en que se ha planteado la discusión ética en las sociedades modernas, y en la misma línea de las distinciones que hace Habermas al separar el Mundo de Vida, de la Racionalidad respecto a fines, Taylor plantea una diferencia muy perceptible entre la forma en que operan en términos valóricos y normativos las personas en su vida cotidiana; y la forma en que operan, en un plano de la realidad completamente distinto, las instituciones relevantes en la modernidad: estado, lo político, lo económico, etc.
Pienso que si actuamos con lógicas distintas y en espacios sociales que cada vez se perciben como más separados, más fácil será que encontremos contradicciones, que entremos en conflicto con lo institucional, que vayamos perdiendo la posibilidad de entendernos, de llegar a acuerdos.
Lo que sabemos y compartimos es nuestra evaluación negativa de lo institucional: no actúan para nosotros, tienen cosas ocultas; cuando esas cosas se hacen públicas, se defienden entre ellos, construyéndose al final una sensación de que no podemos hacer nada. Tomamos conciencia de nuestra fragmentación, de nuestra dispersión, y de la fortaleza de aquello que no cambia, de la rigidez de lo institucional.

Finalmente, aparece la desconfianza. Y como hay desconfianza, los políticos y las empresas deben hacer esfuerzos cada vez mayores para captar nuestra atención y hacer que el engranaje siga girando.
Tenemos como desafío rescatar nuestros valores, saber cuáles son, qué nos diferencia de aquellos que criticamos (pero también, que nos asemeja a ellos, para cambiar). Más desafiante aun rescatar las instituciones, es decir, empezar a actuar en lo institucional, con nuestros valores y con la confianza que nos gusta movernos en nuestros espacios íntimos y cotidianos.
Pienso que la única forma de hacer una política distinta en la actualidad, es hacer una política con valores distintos a los de las clases políticas institucionalizadas (ya que como hemos visto, el tema en cuanto a las ofertas políticas, no marca mucha diferencia). Se hace necesaria una política que actue, como dice Rorty, como una lealtad ampliada al resto de la sociedad.