El Uso de la cultura y la performatividad

Comparto una reseña sobre el libro:b11chinojb

El Recurso de la Cultura. Usos de la cultura en la era global

George Yúdice*

En la mayoría de los análisis de las sociedades actuales se destaca, por una parte, la centralidad de la economía… sin embargo, la economía está en crisis. Por otra parte, se destaca la pérdida de relevancia de la política e incluso su crisis, o al menos la de sus actores centrales en modelos democráticos participativos, los partidos políticos… pero, ¿nos podemos deshacer de ella?

Y a todo esto, ¿qué pasa con la cultura? Recuerdo un documento del FMI (2000), donde se define el concepto de globalización como un fenómeno comercial y financiero, que a veces alude al desplazamiento internacional de personal y que tiene “otros aspectos” marginales que no se analizan, entre ellos el medio ambiente y la cultura. Precisamente de esta irrelevancia de la cultura es de la que se ocupa Yúdice en su libro. Irrelevancia en la discusión, porque según su propuesta, la cultura tiene una enorme importancia, no en términos de su concepciones tradicionales (como alta cultura, cultura popular y como cultura antropológica) sino como recurso que usan tanto la economía como la política para renovarse.

Examinemos en primer lugar su relación con la economía. Sabemos que las sociedades desarrolladas remplazan la industria por actividades comerciales y productivas desmaterializadas, centradas en la capacidad de almacenar, y distribuir bienes simbólicos; el autor da cuenta, por ejemplo, de cómo diversos procesos de desarrollo urbano ocupan el arte como valor agregado económico. Esto confiere una enorme relevancia a la cultura, como nunca antes en la sociedad moderna, pero una relevancia en términos económicos ya que lo que interesa es la cultura que produce ganancia, la que puede ser almacenada, vendida y comprada; es decir: la que puede ser transformada en propiedad. Una de las preocupaciones principales de la economía globalizada es su defensa a través de las instituciones y acuerdos económicos transnacionales, sólo por mencionar un par de ejemplos, la OMC o la lista roja de países que violan patentes que efectúa y publicita el gobierno de Estados Unidos.

¿Cuáles son algunas de las consecuencias de este uso económico de la cultura? Primero, no toda la cultura nace como producto económico, no es lo mismo una película de Hollywood que el uso comercial de la música popular o de pueblos indígenas (proveedores culturales) en empresas turísticas (que se apropian de sus creaciones); en este segundo caso, los actores culturales deben someterse a una imposición del mercado, o en términos de la economía neoliberal, integrarse a la modernidad. En segundo lugar, la asociación de la cultura con la económica hace que sea necesaria su administración (como recurso escaso, al igual que la biodiversidad, la diversidad cultural está en peligro), lo que trae como consecuencia que se asocie la preservación-administración de la cultura con el crecimiento económico. Finalmente, aparece como paradójico que se termine dando importancia a los derechos de las empresas que se apropian de la cultura y no sea una preocupación central los derechos de los individuos que con sus formas de vida diversas son la manifestación concreta de lo cultural. Frente a esto último, Yúdice reconoce el potencial subversivo que implica el “tráfico de música”; y dando vuelta el argumento criminalizador en contra de la piratería, califica de criminales a las propias leyes de propiedad intelectual que impiden, por ejemplo, un acceso justo a medicamentos que pueden salvar vidas.

Veamos ahora, el uso de la cultura en política. Yúdice plantea que la cultura es un recurso al servicio de la política, tanto de los gobiernos como de la sociedad civil: “…tanto por su valor como nuevo recurso para la explotación capitalista (p. ej., en los medios , el consumismo, y el turismo) como por su fuente de resistencia contra los desgastes provocados por ese mismo sistema político-económico.” (Yúdice, 2002, 108).

Por una parte, en manos de los gobiernos que buscan integrarse a economías transnacionales, y más específicamente a acuerdos comerciales, la cultura es un recurso que justifica esa integración pasándose de un refuerzo de lo nacional a un refuerzo del lugar de privilegio que se espera conseguir en el mundo(por ejemplo el Iceberg presentado por Chile en la exposición mundial en Sevilla, del que habla García Canclini). Aunque, por otra parte, se ha prestado escasa atención a la recepción, resistencia, apropiación y modificación de los productos culturales embazados por medios técnicos por parte de los ciudadanos; este no es un proceso vertical y en un solo sentido. Frente a la ausencia de alternativas políticas, la única posibilidad es usar la cultura para oponerse a las consecuencias negativas del modelo neoliberal.

Sin embargo, que la sociedad civil adquiere relevancia únicamente en un contexto neoliberal y en una relación con el Estado y el mercado en una oposición que no puede romper con la lógica económica predominante. Tanto la derecha conservadora estadounidense como la nueva izquierda desburocratizada (los Zapatistas en el ejemplo de Yúdice) no pueden desprenderse en la época actual del uso de la cultura para sus respectivas causas.

La principal consecuencia de lo anteriormente descrito (y que también puede aplicarse a su uso económico) es lo que el autor denomina fuerza performativa, lo que quiere decir que debido a su inevitable conexión con la vida de los individuos, con su identidad individual y colectiva, el uso de la cultura construye realidad. Esto quiere decir que por medio de la cultura se encausan significados y actos, las experiencias identitarias individuales y colectivas son reguladas, ordenadas, normativizadas a través de su reiteración (por medios técnicos y masivos). En este sentido, tanto el discurso imperialista y homogeneizador, como el discurso de resistencia y subversivo, al utilizar la cultura como recurso, construyen al otro, sin recocerlo, fetichizándolo, y por tanto, lo que se consolida son múltiples formas de inclusión y exclusión, una convivencia de la regulación y la liberación, lo sistémico y lo antisistémico en relación inestable.

Finalmente, Yúdice plantea que la performatividad es una cuarta episteme que complementa las tres anteriores definidas por Foucault en Las palabras y las cosas. La primera, la del Renacimiento, definida por la búsqueda de la semejanza; la segunda, la Clásica que busca la representación y la clasificación como orden y medida, y la tercera, Moderna, que busca la explicación de lo oculto por medio de la historicidad. Ahora, la cuarta etapa definida por la performatividad, la construcción de realidades por medio del uso del recurso de la cultura.

Preguntas para la Discusión:

¿Qué piensan respecto a las posibilidades de resistencia, rebeldía e insumisión a través de las nuevas tecnologías? ¿es posible? ¿Cómo perciben la importancia de la transformación de la cultura en producto comercial y en propiedad intelectual? ¿Cómo perciben lo alternativo, lo rebelde? ¿Cómo sistémico o antisistémico? ¿Es posible evitar la construcción performativa de la rebeldía como un producto a 2consumir?

Bibliografía:

FMI, La globalización, ¿amenaza u oportunidad?, 2000. En: http://www.imf.org/external/np/exr/ib/2000/esl/041200s.htm#I

Yúdice, George. El Recurso de la Cultura. Usos de la cultura en la era global, Gedisa, Barcelona, 2002.

*Profesor titular en el American Studies Program y el Departamento de Español y Portugués de New York University (NYU).
Es director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe; director del Privatization of Culture Project, un centro de investigación de políticas culturales; y director de la Red Interamericana de Estudios Culturales.

About these ads