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Archivo para la Categoría "Desobediencia"

Mayo del 68: de la desmitificación a la criminalización

Ya se acaba el mes y no puedo dejar de lado la promesa que me hice hace algunos días: escribir algo sobre los sucesos de hace 40 años (que viejo me siento): Mayo del 68.

El sábado 10 de mayo se publicó en el suplemento Cultura de la Tercera un especial titulado “Los ecos de mayo”. Me llamó mucho la atención las imágenes que acompañan los artículos donde se muestra siempre imágenes de destrucción y violencia juvenil, pero no la violencia contra la juventud (como la fotografía de la izquierda:violencia policial). Y ya pasando al contenido, me causó mucho impacto leer que Anthony Giddens habla de mayo del 68 como una “liberación falsa”.

La serie de artículos sigue una especie de programa no declarado: construir un mito sobre mayo del 68, destruir el mito, desmitificar, y construir un nuevo mito sobre la nueva revolución del mercado.

No es que esté en contra de las desmitificaciones, por el contrario, simplemente estoy en contra de las conclusiones de intelectuales orgánicos que defienden esta sociedad donde vivimos. Siguiendo a Hanna Arent, creo que la construcción de mitos implica atribuir características no humanas, no realizables por humanos a actos que no pueden separarse de la condición humana. Es más fácil alienarse y desprenderse de algo que no creemos que se pueda volver a repetir, de algo que no creemos que sea humanamente posible de nuevo.

Lo que se ha buscado es transformar a mayo del 68 en moda, en una imagen del Che, en algo que no tiene contenido, incluso en algo que legitima las nuevas revoluciones reaccionarias: la revolución del capital y la revolución de la tecnología, que como señala Slavoj Zizek, se apropian de la retórica de la izquierda… aunque no de sus contenidos.

Chomsky por el contrario cree que no solo mayo sino todos los relevantes sucesos del 68 (la primavera de Praga en el mes de agosto, y también México en octubre, que culmina con la matanza en Tlatelolco) son trascendentes. Al contrario de los que hablan de la irrelevancia de esos sucesos Chomsky  señala que las protestas contra la guerra de Vietnam empezaron cuatro años después del inicio de la guerra. Las protestas contra los actuales conflictos en oriente empezaron antes de que las guerras se hicieran efectivas. En los años 60 el gobierno norteamericano respaldo golpes de estado y dictaduras en todo nuestro continente del Sur,el único intento de golpe de estado reciente orquestado por Estados Unidos fue simplemente rechazado por la opinión pública: ¿de dónde surge esta preocupación por el mal uso del poder?

Mayo del 68 fue una batalla perdida,como dice Carlos Fuentes, debido al abandono de la revolución por parte del Partido Comunista francés que prefirió no respaldar una revolución que no tendría al partido como su principal actor.

Lo que queda del 68 es una lección para pensar la revolución y la resistencia social sin amarrarse con proyectos totalizantes (de izquierda o de derecha). En esta época donde toda protesta termina siendo convertida en un crimen contra un mercado totalitario, eso ya nos permite revalorar la humanidad y las luchas que la historia nos hereda.

Ver: mayo del 2006


Un video

Arauco tiene una pena

Enero 15, 2008 helderbinimelis 1 Comentario

Categorías:DDHH, Desobediencia, Política

Comentarios sobre el Nuevo Cosmopolitismo: Beck

http://helderbinimelis.files.wordpress.com/2008/07/andujarmininavajab1.jpg?w=315&h=49

En La Tercera Cultura del sábado 15, apareció un interesante artículo de Ulrich Beck. En línea sólo he encontrado esta versión en inglés. Algunos comentarios y críticas al respecto:

  1. Es interesante la idea del poder ejercido como “descolonización”. Esto quiere decir que el poder en el contexto global no se ejerce, como en el pasado, colonizando, sino con el temor de la descolonización (con su herramienta principal: “…el retiro de inversiones”). Los estados nacionales al eliminar barreras para el ingreso de capitales quedan expuestos a su fuga y por lo tanto se genera una dependencia a la permanencia de los capitales en el territorio, y a la generación de condiciones para que eso suceda. Beck señala que eso ocurre en un espacio ni legal, ni legítimo: “Translegal”.
  2. Lo anterior implica empezar a disputar el poder en contextos donde los estados no tienen injerencia. El poder económico obtiene los beneficios de su capacidad de adaptación a este nuevo mundo sin fronteras para el capital… paso que evidentemente los estados nacionales no pueden dar, atados inevitablemente a sus territorios, a sus poblaciones y a sus recursos limitados. ¿Alguien además del capital transnacional puede dar este salto a lo global y disputar el poder en ese ámbito?
  3. Solo el capital es capaz de fijar las reglas del juego en el ámbito global. Lo relevante de esto es que se pone en evidencia la falta de contrapesos efectivos del poder ejercido. En los estados nacionales democráticos existe lo que se conoce como equilibrio de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial que se fiscalizan mutuamente. En otro plano, el Estado se equilibra también en su relación con el mercado y la ciudadanía. Cuando no hay equilibrio entre poderes, o cuando el Estado absorbe a la ciudadanía y al mercado, se habla de dictadura o de sociedad totalitaria. ¿Cómo debemos denominar a la sociedad global con un poder económico sin contrapesos?
  4. Cuando hay dictaduras y regímenes totalitarios, las instituciones no funcionan al servicio de todos, sino, al servicio de quien tiene el poder. Son utilizadas para reprimir e incluso para ejercer violencia contra quien se opone a un orden establecido arbitrariamente. Es por eso que poco a poco surgen fuerzas sociales que rechazan las instituciones y la legalidad orientadas desde el poder, y utilizan como principal herramienta la apelación a la legitimidad: a los valores con los que la comunidad puede convivir. En el contexto global, las reglas del juego impuestas por el capital también son utilizadas para reprimir y ejercer violencia: ¿Quienes y cómo pueden oponerse a este totalitarismo global? Beck dice que los consumidores. Así como no hay nada que contrarreste el poder del capital, “…no existe ninguna estrategia para contrarrestar el poder alternativo cada vez mayor del consumidor.” Por mi parte, aunque sí creo en la necesidad de que se consolide esta figura del “consumidor político”, no creo que sea tanto su poder o que sea tan fácil encontrarlo en el mundo real, y a través del márketing y la publicidad es también un personaje influenciable. Más que algo real, es algo que se debe potenciar, pero que se enfrenta a los inevitables problemas de la información disponible para el consumo responsable y el aumento de costos que lleva consigo el consumo político.
  5. Como se trata de un ejercicio de oposición a una dictadura capitalista, el consumo se transforma en una tarea de oposición, por lo tanto, significa redefinir el sentido del consumo. Pienso en una redefinición que pase por su vinculación con la desobediencia civil a la autoridad ilegítima y empezar a entender el consumo como desobediencia de mercado. Lo anterior implica que el ciudadano-consumidor-político (donde el orden de los conceptos no implica el predomino de alguno), asuma que el campo de acción más relevante para la disputa del poder es el global, ya que la transformación de lo global inevitablemente se conecta y genera efectos en sus respectivos estados nacionales y en su propia vida cotidiana.
  6. Beck culmina con imágenes generales más que conceptos concretos, no da indicios específicos de cómo avanzar en este camino denominado por el “cosmopolita”. Es evidente que hay que tener cuidado con la tendencia homogeneizadora de la globalización que limita los efectos de la acción ciudadana, pero hay que pensar de forma más fundamental en estrategias de relación y coordinación (¡de desobediencia!) entre los ciudadanos-consumidores-políticos.

Estándares web: ¿quién los debe fijar?

Casi todos los blogs que hablan de tecnología omiten el contenido político ideológico y económico que hay detrás de los problemas que surgen en el mundo virtual, cuando se habla de ciudadanía, de participación, de movimientos virtuales, casi siempre se los vincula con un problema en concreto por resolver, por ejemplo, anular el acuerdo entre Microsoft y el Gobierno o el tema que hoy nos ocupa: ¿quién fija los estándares web? Esto quiere decir, una perspectiva de integración del modelo y no de su superación.

Creo que hay que ir más al fondo del problema concreto y preocuparse de como los ciudadanos deben adquirir el poder de controlar lo que pueden hacer con internet dentro de los marcos legales (y mejor todavía, legítimos); y como reducir y controlar lo que las empresas quieren hacer para obligarnos a consumir lo que ellas quieren. Eso es un tema de fondo, no porque cuestione a una empresa o un acuerdo en concreto, sino porque cuestiona la lógica de funcionamiento del sistema: estados que se vuelven títeres de las transnacionales, empresas que adquieren sin respaldo popular la capacidad de generar marcos legales (no en si mismos, sino a través de las instituciones internacionales que las respaldan) que enmarcan la acción ciudadana , reducida al consumo; y consumidores que deben pasivamente aceptar imposiciones y mantener el sistema en funcionamiento a través del acto compulsivo de actualizarse.

Creo que un tema clave es el poder de fijar o establecer estándares para comunicarse por internet. Si las empresas quieren crear seudomonopolios y obligarnos a que todos seamos Google, todos seamos Explorer, todos seamos Adobe, todos seamos Microsoft Word, todos seamos Vista, etc., ¿qué podemos hacer para que nosotros podamos utilizar la alternativa que más nos guste o la que nos resulte más económica? Teniendo en cuenta la creciente relevancia de las comunicaciones virtuales, decidir qué podemos hacer y qué podremos hacer es fundamental.

Lo que está en juego aquí es la decisión política ciudadana frente a cómo enfrentar el futuro y el presente tecnológico. El futuro tiene que ver con una cierta utopía, ese mundo ideal donde los ciudadanos puedan hacer lo que quieren con los software que quieran. El presente en cambio tiene muchas limitaciones, ya que se puede hacer lo las empresas y los marcos legales permiten. ¿Cómo se pasa del presente al futuro deseado? Ahí es donde hay que tomar opciones políticas de fondo, no se trata de torcerle el brazo a un acuerdo o a una empresa en concreto, sino al sistema y como este funciona.

Creo que el camino para llegar a ese futuro pasa por lo que podemos denominar desobediencia de mercado, tema en el que profundizaremos en las próximos posts.

Sobre estándares más información en los siguientes links:

Juan Freire

Producción Ciudadana de Estándares