¿gobierno- ciudadano?



Hola, vuelvo a escribir después de un tiempo,de vez en cuando perdemos impulso, ya veremos si es posible recuperarlo.

La que a perdido bastante impulso es nuestra Presidenta, las encuestas la han mostrado en notorio descenso en los últimos meses. La respuesta fácil es culpar a los secundarios. En general a las movilizaciones sociales ocurridas durante el semestre pasado. Por otro lado, tenemos el precio del cobre, que ha generado fuertes expectativas… ya nos creemos modernos, ya nos creemos desarrollados, tratamos de vernos como un país grande y, de pronto, el lujo que nos queríamos dar nos hace darnos cuenta que no tenemos la plata para construir un puente que más que una conexión para los chilotes con el mundo, iba a ser un símbolo de lo que dicen que queremos ser como país.

En este proceso se ha caído al suelo el denominado gobierno ciudadano. Como dijo Bachelet por ahí, otro símbolo más en este caso de una relación nueva con las personas de nuestra sociedad. El problema es que al final simplemente la frase terminó siendo slogan de campaña y sin una presencia concreta en la práctica. Aventuremos alguna respuesta para este fracaso.En primer lugar, la culpa no la tienen los ciudadanos. Se a acusado a Michel de no saber lidiar con las presiones de los movimientos sociales. Al final, se empieza a generar una sensación de ingobernabilidad (que algunos atribuyen más bien a un asunto vinculado con la feminidad de nuestra gobernante).El asunto es saber entonces por qué el gobierno no responde a las expectativas de los ciudadanos. Y la respuesta es sencilla: el gobierno no tiene su respaldo en los ciudadanos (de a pie) si no en los ciudadanos que militan activamente en los partidos de la Concertación.Sin el respaldo de los partidos, la Presidenta no puede gobernar, por lo que en realidad debemos preguntarnos si a los partidos políticos les interesa la ciudadanía.Es decir, si les interesa de verdad, más allá de la imagen y de los estrátegicos intereses electorales que tengan. Pienso que la respuesta es fácil y obvia, el tipo de partidos que existe en la actualidad en el país, viven más bien de sus grupos profesionales altamente preparados(si es que los hay,sino igual se ara con los bueyes que se tiene), y viven de los temas que consiguen posicionar ante la opinión pública, pero no viven de la participación activa, responsable y democrática de los ciudadanos, ya que en realidad,los partidos no los necesitan para existir.
Esto lo podemos comprobar en la frecuente utilización,por parte de todos los sectores políticos, de la palabra populismo. Cada vez que alguien se interesa de verdad por la ciudadanía e intenta abrir nuevas brechas de participación, democratización o conciencia social recibe la despiada acusación de populista, con lo que, al parecer, se pretende clausurar cualquier intento de cambio social de fondo en el país. Se clausura cualquier intento decambio que no cuente con el conceso de los partidos políticos.
En síntesis, gobierno ciudadano, al menos en este momento imposible, ya que quienes respaldan al gobierno,los partidos políticos, no sabemos a quién le dan la cara; y a la vez, (un tema para desarrollar más adelante) no tenemos un gobierno preparado y disponible para la fiscalización de los ciudadanos.

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1 comentario

  1. Qué tal Helder.

    Muy buen blog… con esa original idea de no colocar más que fotos de monos y navajas, como lo amerita el nombre del mismo.

    Sobre este posteo (segunda vez que uso esta palabra, quizá intraducible), me llega directa y personalmente. Creo que se ha creado en la Concertación una neo-burocracia de tecnócratas, escindidos de la ciudadanía (y cuyos males, como el robo de oportunidad, la esclerosis creativa y la prepotencia de saberse el mal menor para el país), se irán acrecentando, como pasó en México con el PRI; si bien es cierto hay programas asertivos, proyectos bien elaborados, y cierto deseo de fortalecer la sociedad civil (¿meramente fútiles, como por ejemplo las fiestas de la cultura con sus batucadas y dispositivos publicitarios?), la estructura de poder que corta el queque es tan extremadamente cerrada, tan prepotentemente aristocratizante (en el mal sentido de este concepto noble), que se crea la sensación de lejanía, de alteridad, de orfandad así sin más, en la mayor parte de los ciudadanos.

    No hay un deseo de explicar cómo se hacen las cosas o de suscitar debates saludables (el debate es simpre saludable, porque da sentido de pertenencia a quienes se sienten vomitados por la realidad, pese a tener más de un cuarto de dedo de frente); no hay ideas realmente creativas (revolucionarias, si se quiere); no hay audacia para modificar el sistema económico; es como si se jugara al empate perenne. No hay una crítica hacia el sistema en sí; por dar un ejemplo, ningún político habla contra las bataclanas y pordioseros del intelecto que purulan en la televisión: obvio, eso sería una suerte de suicidio.

    Hay mucho que decir, y en este tema se han perdido tantos genios de la ciencia administrativa y filósofos del poder, que cómo no habría de perderse un mero escritor.

    Pero dejo planteada una sola pregunta: ¿NO RESULTA UNA PARADOJA PERFECTAMENTE MALSANA, QUE UN PAÍS QUE EN 15 O 20 AÑOS HA DUPLICADO SU RIQUEZA EN UN 100 POR CIENTO (ES COSA DE SALIR A LA CALLE Y MIRAR; NO ME PREGUNTEN CIFRAS), CUENTE CON UNA CIUDADANÍA A LO MENOS UN 100 POR CIENTO MÁS INFELIZ (INSEGURA, DEPRESIVA, DESESPERANZADA, ANGUSTIADA, CONFUNDIDA, ENVIDIOSA, MORBOSA, E IRRITADA) QUE HACE 20 AÑOS?

    El individualismo es la lepra del siglo XXI.

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