El conocimiento de los gobiernos y la ignorancia de los pueblos


La democracia supone un gobierno basado en una autoridad otorgada por el pueblo. Ya todos sabemos que esta autoridad tiene mucho de simbólica y poco de real. En realidad es muy poco lo que los ciudadanos comunes y corrientes pueden hacer para fiscalizar y estar atentos al desempeño de los políticos.
Una profundización de la democracia pasa necesariamente por mejorar sustancialemente los procesos de fiscalización, una de las vías para volver a confiar en la política.
¿Pero qué sucede cuando un gobierno actúa en contra de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos? Hay algo que le permita pensar que el pueblo que lo eligió no tiene la razón y ellos, a pesar de la amplia oposición, sí.
Eso es lo que sucede en la actualidad en muchos países del mundo, principalmente en temas vinculados con la economía, el trabajo, la educación y la salud. Un ejemplo lo tenemos en el posteo anterior sobre la situación de Francia.
Siento que detrás la lógica con que actúan los gobiernos en estos ámbitos es: nosotros sabemos lo que es bueno para el país, pero el pueblo no. Para entender cómo gobernar un país hay que tener un conocimiento técnico, muy complejo, que el ciudadano de a pie no tiene.
Debemos preguntarnos, entonces, que tan real es esta respuesta. Es decir, esta apelación a la técnica, como un criterio para definir lo que un gobierno puede o no hacer, ¿no será en realidad otro poco de ideología?
Evidentemente que el rechazo de los estudiantes y los trabajadores es ideológico, pero la respuesta entregada por el gobierno francés apela por un lado a factores técnicos, y por otro, a la falta de respuesta de esta masiva oposición a los criterios fundamentales del diálogo democrático. Y detrás de esa respuesta puede que también existan elementos ideológicos, es decir, el ocultamiento de una forma de dominación social.
No es un asunto menor el de la relación entre gobierno y ciudadanos, no es un tema menor los escudos que se desarrollan para que quienes tienen el poder no respondan a quien se lo ot
orga.

Por otra parte, los medios de comunicación en Chile han transmitido algunas dudas legítimas sobre la capacidad de nuestrospolíticos para decidir sobre temas complejosen ámbitos cómo económico, energético, tecnológico, científico. Si estamos entrando en una sociedad del conocimiento, y lo que saben de nuevas tecnologías los políticos es lo mismo que manejan nuestros padres o abuelos, probablemente muchos ciudadanos sean más sabios que quienes nos gobiernan.

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