EL PAPEL DE LOS INTELECTUALES: ¿Profesión o representación?

El sábado 24 de septiembre el Diario la Tercera publicó una editorial titulada “El Papel de los intelectuales públicos”, tema que desarrollan a partir de la publicación de un listado con los SUPUESTOS 100 intelectuales más influyentes del mundo en la actualidad. Ese listado se puede consultar en el link: TOP 100

Resulta interesante dialogar críticamente tanto con los autores de la lista, las revistas Foreign Policy y Prospect, como con la editorial del Diario la Tercera.


COMENTARIO A LA LISTA

Las revistas reconocen un sesgo occidental (privilegian

intelectuales occidentales europeos o norteamericanos frente a los de otras culturas); y también reconocen falta de exhaustividad (que la lista podría ser mejor de lo que es). Estos reconocimiento autocrítico de las publicaciones es engañoso ya que por una parte la lista tiene la intención de definir quienes nos pueden decir qué y cómo pensar, y por otro, se defiende de las críticas al reconocer engañosamente sus falencias.
Además de estos dos elementos criticables
que son reconocidos por las revistas, habría que preocuparse seriamente por la definición también poco exhaustiva que se advierte sobre el concepto INTELECTUAL.

Ésta tiene que ver, según dicen, con la presencia de ciertas características que deben cumplir los personajes: “…destacados en sus campos de estudio, interés y habilidad para comunicar ideas, estimular la discusión e influir en el debate público más allá del área de su especialización, y su influencia pública.”

Si hacemos un cruce entre estos elementos definitorios y la lista antes mencionada, inmediatamente nos aparecen dudas respecto a que la característica principal no tiene que ver tanto con la capacidad intelectual como con la INFLUENCIA PÚBLICA que poseen.
¿Samuel Hungtington? Es influyente, cómo dudarlo, pero, ¿es crítico de la actual sociedad norteamericana y de sus actores políticos?
¿Joseph Ratzinger? Sí, fue un teólogo intelectual que aportó mucho al Concilio Vaticano II y que como Papa aporta también una visión crítica de la sociedad actual, pero la característica menos cuestionable es su influencia, no su visión crítica en el campo religioso, ¿Podríamos pensar que Ratz
inger mira críticamente a la Iglesia y su rol en la sociedad actual?
¿Paul Wolfowitz? Actual director del Banco Mundial y uno de los principales aliados de George Bush. ¿Tendrá este conservador personaje una visión crítica del actual model
o económico y del rol de las instituciones económicas internacionales?Por otro lado, ¿alguien podría negar la influencia que tiene el Banco Mundial en nuestras sociedades?

Aunque no es una característica común a los 100 mencionados, al menos llama la atención la falta de capacidad crítica respecto a la sociedad y muchas de sus instituciones que es posible percibir entre ellos. Y además, la percepción de que muchos de ellos representan un rol intelectual como una parte relevante de sus profesiones y en defensa de las instituciones donde se desempeñan; son funcionarios internacionales, economistas de prestigio, en el fondo personas establecidas, y con una vida respetable. Como argumentaré más adelante, esa no debería ser una actitud intelectual.

COMENTARIOS A LA TERCERA

El Diario la Tercera agrega algunos matices interesantes a la definición: preservar y crear ideas, comunicarlas al mundo, perturbar el statu quo, criticar la sociedad; actor relevante en una sociedad democrática, influir y propiciar cambios.

Sin embargo, los medios de comunicación, el Diario la Tercera, entre ellos son los culpables de la poca presencia de intelectuales críticos en nuestro continente americano. Sus voces no aparecen por ninguna parte, no se pueden desarrollar porque los medios no le dan espacio a las voces críticas; si las publicaran, correrían la misma suerte de todos los medios de comunicación críticos, como la Época, que terminan desapareciendo por contraponerse al proyecto de sociedad existente.
Pero, en cambio, tenemos muchos “intelectuales” de segunda mano que nos explican lo relevante que es el que todo siga como está. Que defienden y explican tanto los errores de la Concertación como los de los grupos económicos del país; que definenden las privatizaciones, que centran los problemas sociales de Chile en la delincuencia… Y también muchos contenidos que no aportan nada a la contrucción de un país refelxivo y crítico. Si los medios solo nos informan de asaltos espectaculares, de las parejas famosas que meten la pata en público, de los realitys, etc., hay poco espacio para examinarse críticamente y para pensar hacia donde debe ir realmente la sociedad donde vivimos.


EL INTECTUAL ORGÁNICO Y EL INTELECTUAL REPRESENTATIVO

Lo que les propongo a continuación, tiene que ver tanto con la vida como con las propuesta de uno de los personajes que para mí fue un modelo intelectual, Eduard W. Said (ver: 1, 2 y 3), que aunque ya fallecido, supera con creces a muchos de esos “intelectuales” en su capacidad crítica, pero por supuesto que no en su influencia sobre la sociedad.
Said señala que existen dos definciones relevantes sobre el concepto del que ahora hablamos: el Intelectual Orgánico y el Intelectual libre de compromisos.

El primero es el que se dedica a defender y organizar los intereses de ciertos sectores de la sociedad, preocupado del poder, la influencia y el control sobre la sociedad. Muchas profesionaes actuales cumplen esta función orgánica: técnicos industriales, economistas, políticos, periodistas, publicistas, etc. Precisamente, una de las características más valoradas en el TOP 100 intelectual tiene que ver con las capacidades mediáticas de estos personajes, en un mundo comunicacional organizado para defender ideas e intereses políticos y económicos conservadores.
Por otra parte está el intelectual sin ataduras que ejerce un rol principalmente crítico con respecto a la sociedad, capaz de denunciar a la autoridad y al poder dominante, y dispuesto a soportar los ataques que sufrirá a raíz de su esfuerzo intelectual.
Por lo que podemos ver en la lista, la visión dominante en la actualidad es la del Intelectual Orgánico. Personas que actuan en defen
sa de grupos sociales específicos y en defensa de sus propios intereses, para evitar que el mundo cambie. Pero, que algo sea dominante no significa que sea correcto, significa que quiere ser impuesto, es un llamado a dejarse influir por voces que responden a intereses particulares y no buscan el beneficio de toda la sociedad.

Precisamente, una de las mayores dificultades para desempeñar un rol intelectual es poder mantenerse fiel a determinados principios, o mejor dicho a una vocación marcada por una rebeldía a lo establecido, a sentar cabeza. Por eso que, y esta es una de las ideas claves, ser intelectual no tiene que ver con la inteligencia o el conocimiento acumulado por alguien, tiene que ver con una experiencia vital que lo marca y lo invita a hablar. Es por esto que, aunque a los intelectuales no los elija nadie, su principal tarea es REPRESENTAR:

“…alguien que representa visiblemente un determinado punto de vista, y alguien que ofrece representaciones articuladas a su público superando todo tipo de barreras (…) los intelectuales son representativos, no ya de un movimiento social subterráneo o amplio, sino de un estilo de vida y comportamiento social completamente peculiar, incluso corrosivo, que les pertenece en exclusiva.” Said.

En la actualidad, la capacidad de un intelectual representativo de levantar una voz crítica es muy reducida, porque existen miles de intelectuales orgánicos dispuestos a criticarlo y desacreditarlo por un poco de dinero. Esto sucede, no solo respecto a los intelectuales sino respecto a todo lo que es justo en la sociedad actual. Se muestra inmediatamente los errores de los Zapatistas y de los Movimientos Antiglobalización como si esos errores fueran lo que los define; y cuando los intelectuales orgánicos que guían la política y la economía mundial se equivocan, la culpa la tienen los terroristas musulmanes o un mercado que actúa y se regula automáticamente. Hay toda una red de protección de los medios de comunicación que manejan de mil maneras la desinformación y la censura en sociedad.

En Los Cuadernos de la Cárcel, Gramsci dice: “…todos los hombres son intelectuales, aunque no a todos los hombres corresponde desempeñar en la sociedad la función de intelectuales.”
El problema del presente, es que aquellos que reciben el llamado tampoco se atreven, hay un enorme temor a las consecuencias de ser coherente con lo que uno cree.

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