Comentarios sobre el Nuevo Cosmopolitismo: Beck

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En La Tercera Cultura del sábado 15, apareció un interesante artículo de Ulrich Beck. En línea sólo he encontrado esta versión en inglés. Algunos comentarios y críticas al respecto:

  1. Es interesante la idea del poder ejercido como “descolonización”. Esto quiere decir que el poder en el contexto global no se ejerce, como en el pasado, colonizando, sino con el temor de la descolonización (con su herramienta principal: “…el retiro de inversiones”). Los estados nacionales al eliminar barreras para el ingreso de capitales quedan expuestos a su fuga y por lo tanto se genera una dependencia a la permanencia de los capitales en el territorio, y a la generación de condiciones para que eso suceda. Beck señala que eso ocurre en un espacio ni legal, ni legítimo: “Translegal”.
  2. Lo anterior implica empezar a disputar el poder en contextos donde los estados no tienen injerencia. El poder económico obtiene los beneficios de su capacidad de adaptación a este nuevo mundo sin fronteras para el capital… paso que evidentemente los estados nacionales no pueden dar, atados inevitablemente a sus territorios, a sus poblaciones y a sus recursos limitados. ¿Alguien además del capital transnacional puede dar este salto a lo global y disputar el poder en ese ámbito?
  3. Solo el capital es capaz de fijar las reglas del juego en el ámbito global. Lo relevante de esto es que se pone en evidencia la falta de contrapesos efectivos del poder ejercido. En los estados nacionales democráticos existe lo que se conoce como equilibrio de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial que se fiscalizan mutuamente. En otro plano, el Estado se equilibra también en su relación con el mercado y la ciudadanía. Cuando no hay equilibrio entre poderes, o cuando el Estado absorbe a la ciudadanía y al mercado, se habla de dictadura o de sociedad totalitaria. ¿Cómo debemos denominar a la sociedad global con un poder económico sin contrapesos?
  4. Cuando hay dictaduras y regímenes totalitarios, las instituciones no funcionan al servicio de todos, sino, al servicio de quien tiene el poder. Son utilizadas para reprimir e incluso para ejercer violencia contra quien se opone a un orden establecido arbitrariamente. Es por eso que poco a poco surgen fuerzas sociales que rechazan las instituciones y la legalidad orientadas desde el poder, y utilizan como principal herramienta la apelación a la legitimidad: a los valores con los que la comunidad puede convivir. En el contexto global, las reglas del juego impuestas por el capital también son utilizadas para reprimir y ejercer violencia: ¿Quienes y cómo pueden oponerse a este totalitarismo global? Beck dice que los consumidores. Así como no hay nada que contrarreste el poder del capital, “…no existe ninguna estrategia para contrarrestar el poder alternativo cada vez mayor del consumidor.” Por mi parte, aunque sí creo en la necesidad de que se consolide esta figura del “consumidor político”, no creo que sea tanto su poder o que sea tan fácil encontrarlo en el mundo real, y a través del márketing y la publicidad es también un personaje influenciable. Más que algo real, es algo que se debe potenciar, pero que se enfrenta a los inevitables problemas de la información disponible para el consumo responsable y el aumento de costos que lleva consigo el consumo político.
  5. Como se trata de un ejercicio de oposición a una dictadura capitalista, el consumo se transforma en una tarea de oposición, por lo tanto, significa redefinir el sentido del consumo. Pienso en una redefinición que pase por su vinculación con la desobediencia civil a la autoridad ilegítima y empezar a entender el consumo como desobediencia de mercado. Lo anterior implica que el ciudadano-consumidor-político (donde el orden de los conceptos no implica el predomino de alguno), asuma que el campo de acción más relevante para la disputa del poder es el global, ya que la transformación de lo global inevitablemente se conecta y genera efectos en sus respectivos estados nacionales y en su propia vida cotidiana.
  6. Beck culmina con imágenes generales más que conceptos concretos, no da indicios específicos de cómo avanzar en este camino denominado por el “cosmopolita”. Es evidente que hay que tener cuidado con la tendencia homogeneizadora de la globalización que limita los efectos de la acción ciudadana, pero hay que pensar de forma más fundamental en estrategias de relación y coordinación (¡de desobediencia!) entre los ciudadanos-consumidores-políticos.

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