Una cultura y un modelo de sociedad

En escritos anteriores he destacado la relevancia de poder buscar y definir cuáles son los valores que permitirían construir un proyecto social y político que se constituya en verdadera alternativa al modelo. Si no tenemos claridad sobre aquello que nos molesta de esta sociedad donde vivimos, es muy difícil hacer oposición, es muy difícil mirarse críticamente y empezar a actuar sobre nuestras contradicciones. Es muy frecuente encontrar muchos discursos críticos que en el fondo están colonizados y definidos por la misma lógica del modelo, convirtiéndose en falsas rebeldías… en rebeldías que solo tranquilizan conciencias, pero no se constituyen en potenciadores de cambio social.

Uno de los problemas para enfrentar al modelo hoy es la profunda fragmentación social, los grandes vacíos que dejan ciertos grupos que luchan por causas específicas y limitadas, y que se olvidan que el modelo al que se oponen es global, y al olvidarse de otras luchas se vuelven contradictorios y egoístas, como por ejemplo, los grupos ecologistas que invierten millones en sus campañas para que no hayan represas en el sur y se olvidan de la pobreza y de otras necesidades, ya que se absolutiza la ecología y se olvida la humanidad de muchos.

El pueblo mapuche no está ajeno a estas contradicciones y divisiones internas, muchas veces promovidas desde fuera por grupos y movimientos políticos con intereses propios.

En lo que sí son coherentes es en construir un discurso político a partir de sus valores culturales. Se trata de cuestionar un valor de fondo del modelo neoliberal: la propiedad de la tierra, y que desde mi perspectiva es el principal aporte valórico y político que hacen los mapuche a la lucha y la rebeldía de la actualidad.

Lo que se haga para promover y luchar por ese ideal es simplemente un instrumento y no hay que perder de vista el objetivo de fondo. Transformar en absoluta la huelga, la protesta, la violencia termina haciendo mucho daño a una causa que pierde claridad sobre el contenido y sobre la búsqueda de transformación. Como puede apreciarse el gobierno se siente cómodo enfrentando la violencia, ya que simplemente recurre a otra violencia oculta tras el escudo de la legitimidad política e institucional.

Cuando el gobierno no se siente cómodo es frente al cuestionamiento ético que se vincula con sus faltas respecto a la riqueza, la mala distribución, la acumulación, el contraste entre los que lo tienen todo y los que no poseen nada que se hace visible a través del apoyo y la legitimación de las grandes empresas, cuando aparecen como racistas o al menos desconociendo las diferencias dando como única solución posible la integración cultural y económica, en el fondo, cuando descalifican desde la ignorancia y la arrogancia del centralismo que no puede y no quiere ver ni comprender al diferente.

Una muerte, una huelga no debe conducir a más muertes y a una legitimación de la venganza, debe motivar a una lucha más profunda por los valores que marcan la diferencia y a la construcción de esa sociedad donde la tierra tenga ese sentido tan distinto, tan inexpresable por nosotros, los huincas.

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