¿Alternativas en crisis?

Este año no se ha comentado demasiado sobre el Foro Social Mundial (FSM). Claro, no estoy hablando de la prensa tradicional, la que voluntariamente año tras año ha censurado la relevancia de este encuentro, por lo menos acá en Chile. Lo que sucede es que este año no se realizó el encuentro y fue remplazado por un día de acción global efectuado el sábado 26 de enero (en realidad, tenía pensado comentar ese día, pero…). Sin embargo, para el 2009 se espera que el FSM se reúna en Belem, Brasil, no en el habitual Porto Alegre.

Y lo que se ha dicho en esos comentarios tiene algo de inquietante y algo de esperanzador. La idea del FSM es oponerse al Foro realizado anualmente en Davos, es decir, para oponerse a la globalización financiera en su forma neoliberal. Si Davos se sigue realizando y con mucha cobertura de prensa, a pesar de la crisis económica estadounidense y sus consecuencias globales, y el FSM no es capaz de utilizar esta coyuntura para incentivar sus críticas contra el modelo es porque algo no está funcionando en las organizaciones que promueven una alterglobalización. ¿Por qué no hay una oposición fuerte a la globalización financiera cuando está pasando tan fuerte crisis? La compleja respuesta puede resumirse en lo siguiente: no hay consenso sobre como ejercer esa oposición. Y por lo que se puede apreciar, es poco probable que se pueda desarrollar una agenda global compartida que permita construir una alternativa en el futuro cercano.

El FSM cumple inicialmente una función de crítica que poco a poco se ha ido precisando a partir de recoger la experiencia de tantas y tantos que en sus ambientes locales se oponen a las manifestaciones locales de la globalización financiera: las forestales, las mineras, las salmoneras, las guerras por el petróleo, el empleo de baja costo, los gobiernos corruptos, etc., es decir, con un sistema que es capaz de generar riqueza, de forma selectiva y cíclica, sin una racionalidad clara detrás y con serios problemas para mejorar la distribución de recursos para todos. Se ha establecido una crítica pero, ¿y después? El paso posterior debería ser el empezar a construir una alternativa política viable a eso que se sabe no funciona, o al menos, que no funciona para la mayoría. ¿Tendrá el FSM la fuerza para consensuar un proyecto alternativo mínimo?

Algunos plantean que no y en realidad un síntoma de esto es la supuesta debilidad que pone de manifiesto el que no se haya realizado nada este año. No se trata únicamente de la coyuntura económica negativa (pero favorable para una crítica), sino de la coyuntura política aparentemente positiva que vive sobretodo América latina, que cuenta con varios gobiernos favorables y que respaldan y han participado activamente del FSM: Lula, Chávez, Morales, los Kirchner, y más recientemente, Correa y Tabaré Vásquez. Es decir, ¿cómo con un respaldo político que inevitablemente se convierte en respaldo económico no es posible ponerse a pensar en alternativas? Tal vez porque la legitimación política de estos gobiernos se está constituyendo en un lastre para el FSM.

Vía el quinto infierno y siguiendo el rastro hasta el recomendable blog uruguayo bitácora, me encuentro con los siguientes comentarios de Atilio Borón:

“…la experiencia está demostrando que oponerse a gobiernos de centroizquierda en la región resulta muy dificultoso. Es más complejo enfrentar a gobiernos amigos que a enemigos.”

Está claro que existe una afinidad ideológica del FSM y de los gobiernos antes mencionados, pero el acceso al poder político gubernamental es una limitación en muchos sentidos, ya que, por mucha claridad que se tenga sobre lo que se quiere desarrollar como proyecto político, estar en el gobierno es estar limitado por un marco fuera del cual no se puede actuar, ya que luchar por el poder político de un país obliga a aceptar las reglas por las cuales se decide el juego político del poder. Ese marco es el de la gobernabilidad de la sociedad (sea cual sea) que debe procurar un equilibrio social y económico a corto y largo plazo, y además, mantener un equilibrio con otras fuerzas políticas presentes en la sociedad, y como muy bien sabemos en Chile después del 73, también una pelea contra el imperialismo que intenta imponer Estados Unidos. Como sabemos, Morales es el que está teniendo mayores dificultades en ese sentido en este momento en el plano interno, y Chávez en el plano externo.

Los gobiernos, por tanto deben definir una agenda política, lo que significa acotar, dejar cosas de lado. Si, como ha sucedido, los movimientos descansan en el respaldo económico y político de los gobiernos de centroizquierda, corren el peligro de subordinar su agenda a la agenda de los gobiernos. Falta recuperar, entonces, una crítica a los gobiernos, desde fuera del sistema político establecido, desde la independencia de los movimientos que se deben a la ciudadanía más que al poder.

La esperanza está en que los síntomas del problema ya se han detectado y se empieza a pensar en cómo construir no una única alternativa para el futuro sino que varias, en eliminar del foro la imposición de racionalidades que se crean superiores a las demás, en palabras de Boaventura de Souza Santos, una política del reconocimiento del otro como sujeto y de la solidaridad. Puede que exista un cierto grado de crisis en el FSM, pero a veces de las crisis se consigue avanzar mejor hacia el futuro.

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