Los caminos de los movimientos indígenas de nuestro continente

Muy relevante la reflexión de Epifanio Diaz Sarabia, de la etnia Triqui, que aparece hoy domingo en el periódico La Jornada, respecto a la forma de vincularse con el poder que están desarrollando las organizaciones indígenas acá en México, y que como veremos, pueden hacerse extensibles a otros pueblos y a otros movimientos.

Describe, por una parte, la pretensión tradicional de la izquierda, que busca la toma del poder político para la transformación de la sociedad; y por otra, la forma más reciente de lucha, que pretende la transformación del mundo sin la toma del poder (en la vía de la tradición ¿anarquista? de los zapatistas).

Resulta evidente que cualquier posible camino de un movimiento indígena puede darse entre estas dos amplias alternativas, por lo que conviene que exploremos, aunque sea un poco, sus consecuencias y contextualicemos que puede estar apareciendo en esas rutas.

Una de esas vías, vinculada con la izquierda, es la vía armada, ya que frente a la pobreza, el racismo y la represión histórica, siempre se verá como una alternativa… aunque siempre tendrá en frente a un aparato estatal con un enorme poderío en el uso de la fuerza y que se escudará en el cumplimiento de la legalidad. Este es un camino posible, pero inconducente.

La vía de la autonomía y el rechazo de la toma del poder es muy interesante, y ya he expresado lo relevante que es el zapatismo para todos los movimientos sociales actuales. Pero la autonomía en la práctica se diluye y se confunde con el aislamiento. No se puede confundir autonomía con la pérdida de vínculos con el entorno, y el cuidado de las propias necesidades choca siempre con el límite de las necesidades de los demás. Es lo que sucedió con los zapatistas, que ejercieron su autonomía aislándose de la política mexicana, y quitando el apoyo a Andrés López (AMLO), candidato del PRD, desvinculándose de necesidades sociales mayores que las de su propio movimiento. En términos ideales, la autonomía es una necesidad ética, pero vivimos en un contexto globalizado, en el sentido de que estamos vinculados en red unos con otros, y en donde no se puede absolutizar la autonomía propia, ya que con eso, sacrificamos la de los demás.

Y el tercer camino que se me ocurre, y que empieza a ocurrir inevitablemente cuando los movimientos se consolidan, como ha ocurrido en Ecuador y fundamentalmente en Bolivia, es la opción política partidista. Esta asume la forma más tradicional del poder político, le da legitimidad e intenta cambios desde dentro. Aunque claramente podemos ver que no es viable del mismo modo para todos, ya que no es la misma la base política que puede llevar a Evo Morales a la presidencia, que la supuesta base política que podría tener un partido político mapuche… pero si con la base suficiente para pensar en gobiernos locales. El peligro de esta vía política tradicional es el olvido de la representación y la fetichización del poder, como ya lo hemos visto con el desprestigiado Aucán Huilcamán.

En cualquier caso, y como le está sucediendo a la mayoría de los nuevos movimientos sociales que se oponen al dominio del neoliberalismo, están en la pausa reflexiva que debería llevarlos a un cambio de rumbo y de estrategia para enfrentar el futuro. ¿Cuál será el camino elegido que más perdure en el tiempo?

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