Una cita sobre navajas

“- Quizá sea una pregunta un tanto extraña, pero ¿entiende usted de cuchillos?- me dijo.

– ¿De cuchillos?

– Sí. De los cuchillos que cortan cosas. De cuchillos de caza.

Le dije que, cuando iba de campamento, había usado cuchillos. Pero que no era un gran entendido en la materia.

El joven pareció un tanto decepcionado ante mi respuesta. Pero enseguida se animó.

– No importa. Es que me gustaría enseñarle una navaja – dijo-. La compré por catálogo hace alrededor de un mes. Pero mis conocimientos sobre el tema son nulos. Ni si quiera sé si es una buena navaja o no. Por eso deseaba enseñársela a alguien y preguntarle su opinión. Si a usted no le molesta, claro está.

Le respondí que no era una molestia.

Él se sacó con cuidado del bolsillo una navaja de unos diez centímetros de largo, bellamente arqueada, y la depositó sobre la mesa. Al caer hizo un ruido seco, pesado y duro. Aquél era su cuchillo de caza.

– No se imagine cosas extrañas. No tengo la menor intención de herir a nadie con esta navaja ni tampoco de hacerme daño a mi mismo. Sólo un día, de repente, no sé por qué razón, me entraron unas ganas irresistibles de tener un cuchillo afilado. Posiblemente algo hizo que me viniera semejante idea a la cabeza. Pero no logro recordar qué fue. Sólo que me moría por poseer un cuchillo. Tanto que no pude resistirme. Eso es todo. Así que busqué en ventas por catálogo y encargué esta navaja. Nadie sabe que la llevo siempre encima, en el bolsillo. No siquiera mi madre. Es mi secreto. Ahora usted es la única persona que lo sabe.”

(…)

“- ¿Puedo pedirle un favor?- dijo-. ¿Podría usted cortar algo con ella?

– ¿Cortar? ¿Por ejemplo, qué?

– Cualquier cosa. Algo que haya por aquí. Corte cualquier cosa por favor. Yo vivo sentado en esta silla de ruedas y sólo puede alcanzar muy pocas cosas. Así que me gustaría que usted cortara algo por mí con la navaja.

No tenía ninguna razón para negarme, así que cogí la navaja y la clavé en el tronco de una palmera que había allí cerca. Entonces corté en diagonal un trozo de corteza. Luego me hice con una plancha de estireno que había cerca de la piscina y la rajé de arriba abajo. El filo cortaba mucho más de lo que había creido.

– Es una navaja fantástica – le dije.

– Es una pieza artesanal -dijo el joven-. La verdad es que me resultó bastante cara.

Expuse la hoja  de la navaja a la luz de la luna, tal como había hecho él y me la quedé mirando. Parecía una hoja fresca de una planta feroz que acabara de surgir de una grieta abierta en la faz de la tierra aquella noche de luna llena. Probablemente algo que ligara el exceso y la nada.

– Corte más cosas, por favor dijo él.

Corte todo cuando encontré. Corté cocos que habían caído al suelo, trinché grandes y gruesas hojas de plantas tropicales, corté la carta que había pegada a la entrada, reduje a astillas un montón de maderos que habían flotado hasta la playa. Cuando ya no supe qué cortar, arqueando el cuerpo lentamente como si hiciera taichi, rasgué sin un sonido  el aire de la noche. Nada podía detener mis movimientos. La noche era profunda, y el tiempo, flexible y lleno a rebosar de savia. La luz de la luna llena acrecentaba sigilosamente esa hondura, esa flexibilidad.”

(…)

“-A veces tengo un sueño – dijo el joven de la silla de ruedas. El extraño eco de su voz hacía pensar que esta procedía del fondo de un profundo agujero-. Dentro de mi cabeza hay un cuchillo clavado en diagonal en la mórbida carne de mis recuerdos. Está clavado muy hondo. Pero no me duele. Tampoco noto su peso. Sólo está ahí clavado. Yo lo contemplo desde otro lugar, como si fuera algo ajeno. Y deseo que alguien extraiga el cuchillo. Pero nadie sabe que está ahí clavado. Pienso en sacármelo yo mismo, pero no alcanzo con las manos. Es muy extraño. He podido clavármelo, sin embargo, ahora, no puedo extraerlo. Mientras tanto, las cosas empiezan a borrarse paulatinamente. Yo mismo voy palideciendo, poco a poco, y desaparezco. Al final sólo queda el cuchillo. El cuchillo siempre permanece hasta el final. Como el blanco fósil de un animal prehistórico que ha quedado en la orilla del mar… Éste es mi sueño.”

Haruki Murakami

El cuchillo de caza

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