Saqueo y Normalidad

Hay dos fenómenos muy diferentes que lamentablemente los medios y finalmente todos terminamos confundiendo.

Uno es el saqueo propiamente tal de grupos de delincuentes “organizados” (esa palabra es muy importante) que aprovechan la crisis de seguridad del país para delinquir. Sabemos que no todos quienes saquean son finalmente lumpen, sino también personas que utilizan la excepción para satisfacer ya no necesidades básicas sino necesidades de consumo capitalistas.

Otra cosa es satisfacer necesidades básicas por parte de personas que no tienen lo suficiente para comida o agua. Personas que han perdido medios de subsistencia, ya que en la actual situación no sólo ha desaparecido el estado sino también las dimensiones formales e informales del mercado. Si no es posible intercambio económico no es posible satisfacer necesidades.

¿Deben las personas en esta situación esperar pasivamente que reaparezca el mercado y el estado? Es evidente que esto puede terminar atentando contra la propia existencia, más todavía en una situación de confusión agravada por la represión. Más que espantarnos porque las personas busquen mantenerse vivas deberíamos espantarnos por quienes han acumulado su egoísmo y lo defienden por medio de la violencia. Es más importante el capital acumulado que la existencia humana.

Es importante preguntarse si los valores tras los saqueos organizados (como se definieron en el primer tipo) son valores extraordinarios o una demostración de las consecuencias de la sociedad donde vivimos. El saqueo del capitalismo es una situación normal en sociedades como la nuestra y también la explotación de unos sobre otros. Lo único que ha cambiado con la crisis es la magnitud y los sujetos, los actores del saqueo, eso es lo que termina sintiéndose como ilegítimo.

Los actores “normales” del capitalismo lo que buscan es recuperar el control sobre la sociedad, organizando una falsa solidaridad mediática y a la vez promoviendo formas más o menos implícitas de represión que inevitablemente se extenderán más allá en el tiempo que la  actual crisis producida por el terremoto.

Debemos ser conscientes que nosotros mismos terminamos mostrando nuestros valores más auténticos: el racismo, el desprecio al diferente, el desprecio al pobre; los valores normales de nuestra sociedad.

Prefiero la solidaridad de los jóvenes que se organizan como voluntarios que todo el aparato empresarial que se organiza para lucrar con la crisis.

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