Recopilación crítica sobre la beatificación de Juan Pablo II

Una recopilación que recoge una visión crítica sobre el papado y la beatificación, con opiniones, entre otros de Tamayo y Küng:

La beatificación de Juan Pablo II

Se escenifica otro capítulo de la evolución de Benedicto XVI desde el neoconservadurismo al integrismo. El Papa continúa la obra de desmantelamiento del Vaticano II que inició bajo la sombra de su predecesor

JUAN JOSÉ TAMAYO 30/04/2011

Mañana, 1 de mayo de 2011, Benedicto XVI beatificará a su predecesor Juan Pablo II. Desde su anuncio, esta beatificación ha causado malestar y sorpresa en importantes sectores de la Iglesia católica. Entiendo el malestar, ya que no pocas de las actuaciones de Juan Pablo II fueron todo menos ejemplares e imitables como se espera de una persona a quien se eleva a los altares y se presenta como modelo de virtudes para los cristianos. Me refiero a su manera autoritaria de conducir la Iglesia, a su rigorismo moral, el trato represivo dado a los teólogos y las teólogas que disentían del Magisterio eclesiástico -muchos de los cuales fueron expulsados de sus cátedras y sus obras sometidas a censura-, al silencio e incluso la complicidad que demostró en los casos de pederastia, especialmente con el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, a quien dio siempre un trato privilegiado con el beneplácito del cardenal Ratzinger, su brazo derecho, etcétera.

Lo que no encuentro justificada es la sorpresa. Con esta beatificación, Benedicto XVI no ha hecho otra cosa que poner en práctica el viejo refrán: es de bien nacidos ser agradecidos. La elevación de Karol Wojtyla al grado de beato es la mejor muestra de agradecimiento que podía rendir a su predecesor, que le nombró presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y le concedió un poder omnímodo en cuestiones doctrinales, morales y administrativas. Más aún, fue Juan Pablo II quien le allanó el camino nombrándolo sucesor in péctore. ¿Cómo el Papa actual no iba a beatificar al autor de tamaño ascenso en el escalafón eclesiástico?

Si no hubiera sido por Juan Pablo II, Joseph Ratzinger sería hoy un arzobispo emérito sin relevancia alguna. Pero quiso el destino que el papa polaco llamara al arzobispo alemán a su lado y le nombrara Inquisidor de la Fe, para que la vida del cardenal Ratzinger diera un giro copernicano. Durante casi un cuarto de siglo fue el funcionario más poderoso de la curia romana por cuyas manos pasaban los asuntos más importantes del orbe católico, desde el control de la doctrina hasta los casos de pederastia sobre los que decretó el más absoluto secreto, imponiendo a víctimas y verdugos un silencio que le convirtieron en cómplice y encubridor de delitos horrendos contra personas indefensas.

Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger vivieron un idilio durante casi cinco lustros con un reparto de papeles que siempre respetaron. El primero, con vocación de actor desde su juventud, ejerció esa función a la perfección, se convirtió en uno de los grandes actores del siglo XX y recibió los aplausos de millones de espectadores de todo el mundo desde su elección papal hasta su entierro. El segundo ejerció el papel para el que estaba especialmente capacitado, el de ideólogo y guionista de la obra que le tocaba representar al papa y que puso por escrito en el libro-entrevista Informe sobre la fe, cuya idea central era la restauración de la Iglesia católica.

El guión incluía la revisión del concilio Vaticano II y el cambio de rumbo de la Iglesia católica, el restablecimiento de la autoridad papal, devaluada en la etapa posconciliar, la afirmación del dogma católico, la nueva evangelización, la recristianización de Europa, la vuelta a la tradición, el freno a la reforma litúrgica, la confesionalidad de la política y de la cultura, la defensa de la moral tradicional en toda su rigidez en materias que hasta entonces eran objeto de un amplio debate dentro y fuera del catolicismo, como la familia, el matrimonio, la sexualidad, el comienzo y el final de la vida, etcétera.

El panorama eclesial descrito por el cardenal Ratzinger en la entrevista con Vittorio Messori, publicada luego como libro bajo el título antes citado Informe sobre la fe, no podía ser más sombrío: “Resulta incontestable que los últimos 20 años han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por las del papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son, de nuevo, minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad. Los papas y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que -en palabras de Pablo VI- se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo, y se ha terminado con demasiada frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia adelante, y nos hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado en buena medida bajo el signo del presunto espíritu del Concilio, provocando de este modo su descrédito”.

Dentro del guión entraba el cambio en la política de nombramiento de obispos, sin la cual no podía llevarse a cabo la restauración eclesial diseñada al unísono por Juan Pablo II y el cardenal Ratzinger. Poco a poco fueron sustituidos los obispos conciliares por prelados preconciliares, los obispos comprometidos con el pueblo dieron paso a obispos cuya preocupación principal era la ortodoxia, los obispos vinculados a la teología de la liberación dieron paso a los obedientes a Roma. De esa manera se garantizaba el éxito de la nueva estrategia neoconservadora.

Wojtyla y Ratzinger se conocían desde la época del concilio Vaticano II, en el que ambos participaron, el primero como obispo, el segundo como asesor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia. Wojtyla se alineó con el sector conservador. Ratzinger estuvo del lado del grupo moderadamente reformista. Ambos dieron su apoyo a los documentos conciliares. Se esperaba por ello que, ubicados posteriormente en los puestos de la máxima responsabilidad eclesiástica, llevaran a la práctica las reformas aprobadas por el Vaticano II en los diferentes campos del quehacer eclesial: vida y organización de la Iglesia, teología, liturgia, recurso a los métodos histórico-críticos en el estudio de los textos sagrados, diálogo con el mundo moderno, presencia de la Iglesia en la sociedad y, sobre todo, la creación de la “Iglesia de los pobres”, propuesta estrella de Juan XXIII. No fue ese, sin embargo, el camino seguido por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Cuando accedieron al papado fueron desmontando poco a poco el edificio construido por los padres conciliares entre 1962 y 1965 y alejándose del proyecto de Iglesia diseñado cuidadosamente en las cuatro Constituciones, los nueve Decretos y las tres Declaraciones que conforman el Magisterio conciliar.

El giro no podía ser más notorio: se pasó de la Iglesia pueblo de Dios y comunidad de creyentes a la Iglesia jerárquico-piramidal, de la corresponsabilidad al gobierno autoritario, del pensamiento crítico al pensamiento único, de la autonomía de las realidades temporales a su sacralización, de la secularización al retorno de las religiones, de la autonomía de la Iglesia local a su control, de la jerarquía como servicio a la jerarquía como ejercicio de poder, de la teología como inteligencia de la fe en diálogo con otros saberes a la teología como glosa del Magisterio eclesiástico, de la ética de la responsabilidad al rigorismo moral, del diálogo multilateral al anatema.

La beatificación de Juan Pablo II constituye, a mi juicio, una muestra más del paso que Benedicto XVI ha dado desde el neoconservadurismo al integrismo.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid.

Fuente El Pais.com

__________________________________________________________________________________

Los pecados del beato Juan Pablo

Cynthia Rodríguez

Proceso, 17 de abril de 2011

 El próximo 1 de mayo Juan Pablo II será beatificado en el Vaticano. Más allá de las dudas que provocan sus supuestos milagros –entre ellos, sanar a una monja francesa–, sus críticos señalan algunos de los “pecados” que cometió durante su largo papado: su dogmatismo respecto a la moral sexual, sus ataques a la Teología de la Liberación, su apoyo al dictador Augusto Pinochet, el encubrimiento de los casos de pederastia en las filas de la Iglesia… En este último punto no parece tener salida: protegió a Marcial Maciel, dirigente de los Legionarios de Cristo, pese a las denuncias en su contra.

Roma.- Si Juan Pablo II merecía o no convertirse en santo, ya poco importa. Con la firma del decreto de beatificación por parte de Benedicto XVI el pasado 14 de enero, presentada por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, para bien o para mal, el próximo 1 de mayo, día de la Solemnidad de la Divina Misericordia, Karol Wojtyla avanzará un paso más hacia la santidad al ser beatificado.

Únicamente faltaba la firma del Papa Ratzinger para que el trámite procediera, luego de que los 30 cardenales y obispos que integran dicha congregación aprobaran dos días antes un milagro por intercesión de Juan Pablo II, aunque en marzo pasado su autenticidad aún estaba en duda.

Se trata de la curación de la monja francesa Marie Simon Pierre, que desde 2001 padecía Parkinson, misma enfermedad que sufriera Juan Pablo II en sus últimos años y que ella superó “de manera inexplicable”  dos meses después de la muerte del Papa, según las autoridades médicas de la comisión de beatificación.

De que fue uno de los papas más carismáticos que ha tenido la Iglesia Católica, nadie tiene duda. El prestigiado vaticanólogo Marco Politi opina que para millones de personas la beatificación de Juan Pablo II es casi un hecho superfluo, “pues muchos, católicos y no católicos, han reconocido la figura extraordinaria del Papa Wojtyla. Si me preguntas si era importante la beatificación, respondo que no, porque desde mi punto de vista él se convirtió en santo tres días antes de su funeral, cuando 3 millones de personas esperaban en fila hasta 17 horas afuera del Vaticano para despedirse de él”.

Quienes vivían en Roma en 2005 nunca olvidarán aquel 2 de abril, cuando la ciudad se convirtió en un hotel al aire libre para millones de peregrinos y admiradores que aguardaban, muchos de ellos llorando, visitar por último a Juan Pablo II aunque ya no estuviera vivo.

Consultado por Proceso, Politi exalta a Juan Pablo II por enviar un mensaje de paz y en defensa de los derechos humanos más allá de la  cultura católica, incluyendo a otras expresiones religiosas y dando a entender que Dios, más que una religión, es una dignidad.

“Fue el primer Papa en la historia que entró a una sinagoga y a una mezquita; en juntar a muchos líderes religiosos y reconocerlos como tales, como una manera de superar los conflictos entre religiones, porque mucho tiempo de su vida lo empeñó en combatir el fundamentalismo y en decir que el terrorismo nada tenía que ver con Dios.”

Juan Pablo II, continúa Politi, abrió las ventanas más inesperadas en la historia del catolicismo: “Fue el primer jerarca en criticar el capitalismo, al que llamó ‘monstruo’. No en balde fue llamado en la iglesia como ‘el último socialista’”.

De acuerdo con la biografía de Karol Wojtyla, su confrontación con el comunismo fue muy antigua, desde los tiempos que era maestro en la Facultad de Teología de Cracovia (1954). Ya como Papa, no escatimó esfuerzos para lograr que el régimen comunista de Polonia cayera. Fue estrechísima su relación con el sindicato Solidaridad, la primera organización independiente del bloque socialista, fundada y dirigida por Lech Walesa.

Desde su primera encíclica (Redemptor hominis, de 1979) y su primer documento social (Laborem exercens, de 1981), Wojtyla comenzó una incesante labor de socavamiento del comunismo, al que criticó no desde la vertiente religiosa, como su ateísmo o la persecución de los cristianos, sino desde aspectos antropológicos y sociales, como sistema injusto que alienaba al ser humano. De ahí que muchos historiadores suscriban que Juan Pablo II colaboró en la caída del bloque socialista.

La “mafia” eclesiástica 

Hasta las víctimas de la pedofilia de los sacerdotes católicos reconocen el gran carisma de Wojtyla, pero lo acusan de mantener a salvo durante años a sacerdotes que abusaban de niños.

Francesco Zanardi, presidente de la Asociación Víctimas de la Pedofilia en Italia y él mismo una víctima de abuso sexual de un sacerdote, comentó a esta reportera que es muy difícil pensar que Juan Pablo II, junto con su brazo derecho Joseph Ratzinger, no estuviera enterado de los miles de casos de pedofilia que se registraron en todo el mundo antes del año 2000, cuando comenzaron a estallar los escándalos.

“¡Por caridad!, el Papa Juan Pablo II fue un hombre muy carismático, eso nadie se lo quita, pero de que él y su sucesor sabían perfectamente de todos estos hechos, no nos queda duda. Tampoco dudamos de que la beatificación la hayan querido hacer deprisa para dejar de lado todos los cuestionamientos al respecto”, señala Zanardi.

Dice que tan sólo en su ciudad, Savona –capital de la región italiana de Liguria–, en los últimos 30 años decenas de seminaristas se escaparon a otras sedes o renunciaron a su carrera eclesiástica. “¿Qué era lo que veían todos ellos para no querer estar más aquí? Te lo digo yo: porque aquí tenemos registrados 150 de los 300 casos de abusos sexuales contra niños por parte de sacerdotes, que se reconocen como ciertos en Italia”.

Agrega que el exobispo de Savona, Domenico Calcagno, hoy secretario de APSA (la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), promovió y escondió mucho antes del año 2000 a obispos acusados de pedofilia. Ese año Juan Pablo II reconoció por primera vez “los pecados de la Iglesia” y pidió perdón por ellos.

Los casos de Savona sólo son una muestra de lo que ha sucedido en todo el mundo. Tan sólo en Irlanda, al menos 2 mil 500 niños padecieron abusos de sacerdotes entre 1930 y 1960, y específicamente en Dublín, de 1975 a 2004, se registraron otros 320.

Para las víctimas no hay todavía un cambio real, dice Zanardi, pues a pesar de que el Papa Ratzinger ha declarado que los pedófilos deberán enfrentar las leyes de los hombres, al menos en Italia la Iglesia católica sigue escondiendo las pruebas de estos delitos, lo que implica seguir protegiendo a los pedófilos.

Esto demuestra que las autoridades eclesiásticas en estos asuntos “se comportan como una verdadera mafia. Además de que en muchos casos, los delitos ya prescribieron, porque sólo duran 10 años y hay que tomar en cuenta que si muchos delitos hoy se saben, ha sido porque los denunciantes crecimos y decidimos hacerlos públicos”.

Politi opina que a Juan Pablo II se le ocultó información al respecto. Aunque reconoce la cercanía del próximo santo con los Legionarios de Cristo y el Opus Dei, dice que con la información que tiene “no se atreve” a decir con toda seguridad que Juan Pablo II sabía, por ejemplo, de las atrocidades de Marcial Maciel.

“Una visión dogmática”…

En la edición 1374 de este semanario (2 de marzo de 2003) se narra con detalle cómo el 9 de octubre de 2002, en Ginebra, Suiza, ocho personas que fueron víctimas de Maciel presentaron sus quejas en la sede del Comité de los Derechos del Niño y de la Juventud de las Naciones Unidas. Un día antes habían hecho lo mismo en el Vaticano, donde además ofrecieron una conferencia de prensa sobre los abusos que padecieron en su niñez.

En aquella ocasión José Barba-Martín, quien con Arturo Jurado es representante legal del grupo, dijo entonces a Proceso:

“Pese a todas nuestras pruebas, el Vaticano no quiso abrir un proceso canónico contra Marcial Maciel. No nos escuchó. Por eso nos vimos obligados a acudir a la ONU. Y hoy los casos de abuso sexual de Maciel no son toda la cuestión: está también el encubrimiento del Vaticano a un delincuente. Esto en sí mismo es un hecho delictivo. Hasta el Papa lo protege, además de que viola los acuerdos firmados con la ONU en materia de protección de los derechos de la niñez.”

Los otros integrantes de este grupo que inició la lucha legal contra el Vaticano son Arturo Jurado Guzmán, Félix Alarcón Hoyos, Saúl Barrales Arellano, Fernando Pérez Olvera, Alejandro Espinosa Alcalá, José Antonio Pérez Olvera y Juan José Vaca Rodríguez.

A pesar de ello, Politi insiste: “Creo verdaderamente que sus colaboradores no le pasaban la información completa (a Juan Pablo II)… Sin embargo, también creo que se deben investigar a fondo cada uno de los casos que el mismo Ratzinger ha querido ocultar al no permitir, hasta ahora, que se abran los archivos. A diferencia de países como Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Austria, donde los obispos se han mostrado más independientes y han creado fiscalías para investigar los casos, en Italia esto todavía no sucede”.

Admite: “Hoy la política del Vaticano es seguir teniendo secretos, pues el Papa Ratzinger no ha tenido el valor de informar ni ha querido confrontarse”.

–Si se le pudieran atribuir a Juan Pablo II algunos pecados, ¿cuáles podrían ser? –se le plantea a Politi. Piensa cinco segundos y contesta con mucha seguridad:

–Una visión todavía muy dogmática en el campo de la moral sexual; haber definido al aborto como holocausto; haber tenido mucha simpatía por las mujeres, pero no haber entendido la revolución feminista; el que haya sido demasiado tradicionalista; y haber confiado demasiado en Joseph Ratzinger como prefecto de la doctrina de la fe.

“Creo que Juan Pablo II debe verse como la gran figura histórica que fue. Obviamente fue un hombre con muchos errores, pero también creo que con muchos aciertos, como haber sido, entre otras cosas, un gran líder geopolítico, que por ejemplo se negó rotundamente a la guerra de George Bush contra Irak y (en cambio se encargó) de pasar el mensaje de que no era una guerra cristiana contra el Islam.”

Según Politi, diplomáticos del Vaticano cabildearon en la Unión Europea y América Latina –incluso en México y Chile– para que, el 1 de marzo de 2003, Estados Unidos no obtuviera respaldo en la ONU para atacar Irak. Sin embargo, las crónicas de prensa de aquel año muestran que el gobierno estadunidense evitó la votación porque sabía que no había consenso favorable en el Consejo de Seguridad y decidió invadir al país asiático por su cuenta.

A Gianni Novelli, un exponente de la Teología de la Liberación, la beatificación de Juan Pablo II le parece un procedimiento burocrático y no lo entusiasma. Wojtyla combatió abiertamente esta corriente católica para privilegiar a grupos ultraconservadores como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo.

Incluso al arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero se le negó la posibilidad de canonización con el pretexto de que podría ser utilizado por extremistas de izquierda. Lo máximo que lograron sus defensores fue que se le reconociera como “siervo de Dios”, pero era público que  Juan Pablo II no simpatizaba con las causas en las que se comprometió monseñor Romero y a causa de las cuales fue asesinado.

“Yo por eso hablo de ‘las teologías de la liberación’: además de la americana, están la africana, la afrobrasileña, la ecologista y la indígena, que tiene a la Virgen de Guadalupe. El mismo Leonardo Boff (uno de los más destacados representantes de esta corriente) apoyó la teología ambientalista, pues lo que en el fondo se busca es enfrentar los nuevos retos, siempre de acuerdo con el Evangelio. Como Juan Pablo II luchó contra quienes hemos creído en ello, no puedo ser un admirador más de él”, concluye Novelli.

“A mí lo que haga la Iglesia o lo que deje de hacer me importa ya muy poco; la beatificación de Juan Pablo II para muchos es un insulto”, asegura María Paz Venturelli, hija de Omar Venturelli, un cura ítalo-chileno que apoyaba a los indígenas mapuches y por ello fue obligado a dejar el sacerdocio.

Venturelli se convirtió en profesor universitario, se casó y tuvó una hija. El 4 de octubre de 1973 fue detenido por los militares golpistas, que lo desaparecieron. Su hija no puede olvidar la cercanía de Wojtyla con  Augusto Pinochet, misma que a su juicio ayudó a éste para evadir la ley durante años. En 1987 el Papa visitó Chile y se asomó al balcón del Palacio de la Moneda con Pinochet, gesto que lastimó a las víctimas de las dictaduras en el mundo.

María Paz difícilmente olvidará la rabia que sintió el 16 de marzo pasado, al enterarse de la liberación de Alfonso Podlech, quien fuera el procurador militar de Pinochet. Contra él había 140 órdenes de aprehensión por la Operación Cóndor, y después reconoció haber participado en la tortura y la desaparición de varios detenidos, entre ellos Omar Venturelli.

Detenido en Madrid en 2009 por una orden del juez español Baltasar Garzón, fue trasladado a la cárcel de Rebibbia, en Roma. María Paz –“Pacita”, como le dicen en Bolonia, donde emigró con su mamá después de la desaparición de su padre– comenta que Podlech fue liberado una semana después de que el presidente derechista chileno Sebastián Piñera realizara una gira en Italia. Agrega que el mandatario es sobrino del exarzobispo chileno Bernardino Piñera, muy cercano a Podlech.

Dos días después, Podlech fue detenido cuando planeaba escapar y ahora está de nuevo en la cárcel. Se prevé que a finales de este mes se le dicte sentencia final.

La beatificación de Karol Wojtyla está en puerta, pero como dijo ya José Barba, una de las víctimas de Marcial Maciel, “el Papa puede pasar a la historia como un encubridor”.

__________________________________________________________________________________

Hans Küng: Juan Pablo II fue un Papa “intolerante e indispuesto al diálogo”

Afirma que Benedicto XVI ha actuado como un príncipe absolutista y violado el propio derecho eclesiástico

“Reprimió los Derechos Humanos de mujeres y teólogos”

Redacción, 29 de abril de 2011 a las 10:12

“¿El sucesor declara beato al antecesor?. En Roma se actúa como en los tiempos de los césares”

El teólogo disidente suizo Hans Küng, profesor emérito de Teología Ecuménica, ha criticado con suma dureza la beatificación del papa Juan Pablo II (1920-2005), al que considera un pontífice “intolerante” y “autoritario”. El antiguo papa no puede ser considerado un ejemplo para los fieles de la Iglesia católica, afirma Küng, al que en 1979 le fue prohibida la docencia por orden del Vaticano, en declaraciones que publica hoy el rotativo alemán “Frankfurter Runschau”.

El papa Juan Pablo II practicó “un magisterio autoritario con el que reprimió los Derechos Humanos de las mujeres y los teólogos”, afirma el teólogo suizo, antiguo profesor en la prestigiosa universidad alemana de Tubinga.

Küng denuncia que el “lado oscuro” del pontífice polaco no ha sido tenido en cuenta en su proceso de beatificación y subraya que Juan Pablo II fue un papa “intolerante e indispuesto al diálogo”.

Las críticas de Küng se extienden al actual papa Benedicto XVI, al que acusa de haber precipitado y llevado a cabo en un tiempo récord la beatificación de Juan Pablo II.

“¿El sucesor declara beato al antecesor?. En Roma se actúa como en los tiempos de los césares, que sucesivamente proclamaban la divinidad del anterior emperador”, comenta el polémico teólogo, al que el propio Juan Pablo II prohibió continuar con la docencia teológica.

Finalmente afirma que Benedicto XVI ha actuado como un príncipe absolutista y violado el propio derecho eclesiástico para beatificar a Juan Pablo II en un proceso exageradamente acelerado.(RD/Efe)

__________________________________________________________________________________

Los cinco pasos para la beatificación “exprés” de Juan Pablo II

Presión para canonizar no sólo a la persona sino a su papado

Desde 1983, se han declarado 20 nuevos beatos menos de 30 años después de su muerte

Redacción, 29 de abril de 2011

La beatificación de Juan Pablo II este fin de semana es la más rápida que se ha producido en los tiempos modernos. Aunque los católicos puedan creer que su iglesia tiene algo de sobrenatural ya Tomás de Aquino, en el siglo XIII, advirtió que no está exenta de las realidades de la naturaleza humana, incluyendo las normas de la psicología, sociología e incluso de la política.

Algo que también es cierto cuando se trata del negocio de declarar santos.

Eso será evidente el 1 de mayo, cuando el Papa Juan Pablo II sea beatificado en una ceremonia en Roma que se espera que atraiga a centenares de miles de personas a la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

La beatificación surgió como una manera de autorizar la veneración de un candidato a santo, el “beato”, en la zona donde vivió. Para Juan Pablo II ese peldaño lo alcanzó tan sólo seis años y un mes después de su muerte, ocurrida en 2005.

La premura ha dejado perplejos a algunos, sobre todo a quienes cuestionan el historial que tuvo como Papa en el manejo de los casos de pedofilia cometidos por prelados católicos.

Pero el Vaticano asegura que los criterios han sido cumplidos.

Existe una convicción popular de que Juan Pablo II era un hombre santo -un exhaustivo estudio oficial de la Iglesia concluyó que había vivido una vida de “heroica virtud”-.

Además, los doctores de la iglesia han logrado documentar al menos un milagro debido a su intervención:la curación de una monja francesa de 49 años que padecía Parkinson, la misma enfermedad que sufría el Papa.

Sin cuestionar esas razones, es justo decir que cierta dinámica institucional y hasta un poco de política han ayudado en el rápido proceso de Juan Pablo II.

En 1983, el Papa reformó el proceso haciéndolo más rápido, más simple y más barato. Eliminó la oficina del “Abogado del Diablo”, un funcionario cuya labor era tratar de descalificar los casos de santidad, y redujo el número de milagros necesarios para calificar.

La idea era elevar figuras contemporáneas para convencer a un hastiado mundo secular de que la santidad está viva, aquí y ahora, y como resultado durante su papado se beatificó y canonizó a más personas que bajo el de todos sus antecesores juntos.

Desde que se establecieron aquellos cambios, al menos unos 20 casos han clasificado para la “vía rápida” de la beatificación, es decir, aquellos candidatos con menos de 30 años de fallecidos.

Observando con cuidado la lista, y dejando a un lado la santidad o los milagros reportados, se pueden establecer al menos cinco factores que parecen determinar quiénes califican para el proceso expedito.

Primero, los candidatos exitosos tienen una organización que los respalda con los recursos y la sabiduría política para moverse en el terreno.

El Opus Dei, por ejemplo, posee un equipo de avezados abogados en derecho canónico e invirtió importantes recursos en la causa de su fundador, José María Escrivá, canonizado en 2002.

Segundo, varios casos de vía rápida son “primeros” en un área geográfica o en un grupo de la feligresía subrepresentado. Por ejemplo, 12 de las santificadas velozmente han sido mujeres, en un esfuerzo por contrarrestar la percepción de que en la Iglesia hay “hostilidad de género“.

También en ese proceso, Centroamérica “consiguió” su primer santo: el nicaragüense María Romero Meneses, beatificado en 2002, 25 años después de su muerte.

Tercero, asuntos de política interna de la Iglesia también pueden intervenir, como sucedió con la monja española María de la Purísima, quien en 2010 fue canonizada -12 años después de fallecida- por preservar la tradición en un tiempo de “confusión ideológica” que siguió al Segundo Concilio Vaticano (1962-65).

Un cuarto factor radica en el interés personal que puedan tener jerarcas de la Iglesia en la causa. Por ejemplo, dos curas polacos avanzaron rápidamente en tiempos del Papa, uno de ellos Jerzy Popieluszko, un líder de Solidaridad asesinado por el Partido Comunista.

Quinto, los casos en vía rápida generalmente disfrutan del apoyo de la jerarquía, tanto de los obispos en la región como en Roma.

Los cinco factores calzan con la causa Juan Pablo II : tiene un poderoso respaldo institucional tanto en Polonia como en Roma, y virtualmente todos los funcionarios que deciden en temas de santidad son protegidos de su reinado papal.

Además hay una presión para canonizar no sólo a la persona de Juan Pablo II sino a su papado en general, especialmente por el énfasis que puso en recuperar el músculo misionero del catolicismo.

Esos criterios sugieren que no pasará demasiado antes de que llegue su canonización y que Juan Pablo II entre formalmente a la lista de la Iglesia Católica.

Si eso sucede, la voluntad natural y la sobrenatural habrán dado su veredicto nuevamente.

(Rd/BBC)

__________________________________________________________________________________

Juan Pablo II “no fue un buen teólogo”

Javier del Ángel de los Santos asegura que era “sistematizador, filólogo, dramaturgo y un pastor muy suspicaz, pero nunca un filósofo”.

http://impreso.milenio.com/node/8951116

Vie, 29/04/2011

Juan Pablo II no era un buen teólogo y fue rechazado en la Universidad Gregoriana, pero era un buen sistematizador, afirmó el teólogo Javier del Ángel de los Santos.

En el análisis de la figura del pontífice, el miembro de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México señaló que la gente alaba su doctrina e “intelectualidad” en materia dogmática o moral que, según dicen, lo llevó a escribir innumerables documentos pontificios de profunda sabiduría y actualidad. Sin embargo, “el nunca fue un teólogo sobresaliente, ni de vanguardia, como lo hicieron creer sus operadores políticos”, abundó.

Siempre estuvo rodeado de otros teólogos y fue “a lo mucho un buen sistematizador, filólogo, dramaturgo, y un pastor muy suspicaz, pero nunca un filósofo sobresaliente”. Incluso, fue rechazado para ingresar en la Universidad Gregoriana y tuvo que tomar clases de oyente en el Angelicum de los dominicos. “Nadie de su época, ni un obispo o intelectual o profesor de universidad reconoció en él dotes intelectuales sobresalientes”, aseguró De los Santos.

Política del silencio

Según el teólogo, el estilo de liderazgo que predominó en el papado de Juan Pablo II fue de carácter autoritario con quien no le importaba romper relaciones, y autócrata-benevolente con quienes intentó encauzar o redimir. Prueba esto son las decenas de teólogos condenados al silencio.

Mientras, el Vaticano callaba ante atrocidades e injusticias realizadas por sus amigos, socios o aliados políticos en el mundo y los planificadores de la mercadotecnia papal contraatacaban difundiendo la imagen de un corpus organizado y unido escenificando multitudinarias ceremonias presididas por Wojtyla en la Plaza de San Pedro o fotografiándose con personalidades de la vida política internacional.

Ahí están, indicó, las luchas por destituir a los curas, religiosos y laicos que no se alinearon con su política y su inclinación amorosa y predilecta por quienes sí coincidían con sus lineamientos, o con sus intereses económicos o misioneros: Legionarios de Cristo, Opus Dei y el Nuevo Movimiento Catecumenal de Kiko Argüello, entre otros.

A la fecha, agregó De los Santos, es ampliamente desconocido el trasfondo de muchas de las decisiones y acciones controvertidas que Juan Pablo II impulsó: aparentemente abierto al mundo para escuchar, pero cerrado al interior en su diálogo con quienes disentían; supuesto defensor de la libertad y los derechos fundamentales hacia afuera, pero en muchas ocasiones violador sistemático de los mismos hacia adentro al condenar a muchos teólogos; luchador de la justicia hacia el exterior pero acérrimo en promover la práctica del secretismo, de la acusación traicionera y de la remoción de cargos sin defensa o juicio que mediara.

Contrapeso

De los Santos reconoció que no se puede negar que el pontífice hizo muchas cosas buenas, “eso sería ceguera o miopía fundamental”, pero como contrapeso hay cosas que hacen dudar de un auténtico sentido de promoción interna de la unidad eclesial: fue el Papa que mandó revisar y redactar el Nuevo Código de Derecho Canónico para apalancar el centralismo romano, el Papa que encargó la creación del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, de “nuevo” sólo tiene el nombre porque su contenido es más medieval que moderno, para mantener la moralina pseudomística y tradicionalista de un cristianismo desfasado con los retos planteados por la modernidad.

También hizo creer que implementaba el espíritu del Concilio Vaticano II sólo porque permitió ciertas “aperturas” litúrgicas, más nunca doctrinales ni pastorales realmente trascendentales y de cambio; el Papa amigo del Regnum Christi y del Movimiento Neocatecumenal, pero enemigo de las Comunidades Eclesiales de Base.

Ese mismo estilo autoritario, consideró el teólogo, de “fashion parade, de promoción de la secrecía como virtud revestida de fidelidad, de culto a la personalidad promovido en parte por él mismo y en parte por sus más cercanos operadores, fue el mismo que Marcial Maciel supo implementar como estrategia para mantener el poder, expansión institucional, efectividad organizacional y enriquecimiento económico”.

– Numeralia

El Papa peregrino

Tercer pontificado más largo de la historia de la Iglesia con una duración de 27 años.

Publicó 14 encíclicas, 42 cartas y 11 constituciones apostólicas, y cuatro libros

A sus mil 70 audiencias públicas asistieron 16.8 millones de fieles.

Se entrevistó con 703 jefes de estado y recibió en audiencia a 228 primeros ministros.

Visitó 697 ciudades en 129 países, donde pronunció

2 mil 415 discursos, tras 104 viajes en los que recorrió 1.2 millones de kilómetros.

Presidió 139 ceremonias de beatificación y proclamó mil 338 beatos y 50 ceremonias de canonización con 482 santos.

Convocó 9 consistorios para el nombramiento de 232 cardenales y ordenó a 321 obispos y 2 mil 125 curas.

Celebró 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio y siete sínodos de obispos, uno de ellos extraordinario.

México • Ma. Eugenia Jiménez

DEMOCRATIZANDOLA OTRA IGLESIA  ES  POSIBLE Y OTRO CONCILIO TAMBIEN

Anuncios

2 Comentarios

  1. Muy buena recopilación Helder! Sorprende que nadie diga nada de la canonizaci{on express de Escriva de Balaguer y el pago de la deuda del Banco Ambrosiano…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s