Tecnología, control y sospecha

Recomiendo la lectura del comentario de Enrique Dans sobre “Analíticas, móviles, identidades… y pre-crimen“, una reflexión inicial sobre una tendencia cada vez más fuerte: hay medios de control (casi inimaginables) sobre lo que se hace y lo que se deja de hacer en el uso de aparatos tecnológicos como celulares o computadores o en el uso de aplicaciones tecnológicas y redes sociales.

Por una parte, el tema del rastreo de nuestras acciones y comportamientos a través de diversos dispositivos que aceptamos utilizar y que avisan dónde estamos, qué hacemos, y que permiten predecir conductas, y quizá incentivarlas (en beneficio del mercado) o desincentivarlas (en beneficio de ciertos sectores políticos). En Rusia, y también en Estados Unidos, aparecen mecanismos legales (pero no siempre legítimos) de controlar comportamientos políticos, los que terminan siendo calificados como delitos.

Por otra parte, como consecuencia de actos terroristas como el reciente en Estados Unidos, aparecen conductas sospechosas. Una de ellas es no tener Facebook o Twitter. Conozco personas que no lo tienen, ellos lo hacen por principios políticos y patrones de comportamiento y sociabilidad que son perfectamente normales… sin embargo, quienes controlan y vigilan cómo usamos las tecnologías, consideran que todos deberíamos vincularlos y relacionarnos con la tecnología de un único modo (el programado y que beneficia al mercado y la apatía y el desinterés político). El diferente se vuelve inmediatamente sospechoso.
PLOP
El problema es que, deberíamos tener derecho de utilizar la tecnología del modo que queramos y no sólo para aquello que viene establecido de fábrica.

Deberíamos tener el derecho a desconectar mecanismos de rastreo y vigilancia de los aparatos que utilizamos.

Deberíamos tener derecho a navegar libremente sin que vigilen qué visitamos, qué descargamos, etc., derecho a organizarnos y protestar a través de medios tecnológicos, así como también deberíamos mantener el derecho de hacerlo en el mundo real y en nuestros contextos locales.

Pero la tendencia, lamentablemente como lo predijo la ciencia ficción (y las ciencias sociales), es cada vez más hacia un fascismo tecnológico.

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